viernes, agosto 08, 2008

YA EXISTE UNA "MÁQUINA DEL TIEMPO"

LA FOTOGRAFÍA ES UNA “MÁQUINA DEL TIEMPO” PRETÉRITO

Por FAUSTINO PÉREZ


En los corrillos especializados se comenta que la cámara fotográfica jamás le perdonará al tiempo la jugarreta que le hace. Ella cree que lo atrapa, pero él sigue como si tal cosa. Ella cree que lo detiene, pero a él nadie le pone un stop.
Una vez que tiene la máquina fotográfica en sus manos, el fotógrafo se regodea con la ilusión de que tiene a la “realidad” cogida, tanto la externa visible, así como también la interna de sus sentimientos, aprehensiones, y criterios; sin ni siquiera pensar que esa imagen que él puede plasmar, al contemplar el resultado obtenido siempre será de dos dimensiones físicas, (alto y ancho), en contraposición con el mundo físico que posee tres, (altura, anchura y profundidad), y encima lo que él logra carece de todos los demás estímulos que no sean los visuales (1). Esto no significa que la apariencia fotográfica no tenga su propio olor, su sabor característico, y deje de producir una sensación al tacto; pero esas sensaciones no se corresponden con las de la vida real, que la foto representa.
No obstante, hay que reconocer que la fotografía sirve como un recordatorio de unos lugares y circunstancias, de ciertos momentos, de muchas o pocas personas conocidas o familiares, y de cualquiera de sus edades.
Aunque no sea precisamente un avisador, el bártulo fotográfico tiene de por sí una especie de temporizador incorporado de fábrica, conocido como la velocidad, el cual mide el tiempo que va a permanecer la luz entrando a la película en la fotografía convencional; o bien, activando los microcircuitos en la foto digital, con la finalidad de poder convertir los fotones de luz, en electrones manejables por el procesador de la cámara.
Una vez expuesta, si la imagen fotográfica es de calidad, y está bien seleccionada a posteriori, puede servir como síntesis visual de algo que ocurrió espontáneamente y se fotografió, o bien, de aquello que se escenificó o se preparó delante de la máquina de hacer fotos. En casos muy extraordinarios, si el hecho fotografiado es importante y trascendental, y si la foto fue oportuna, puede convertirse en una foto-emblemática. Al actuar como un resumen o recapitulación visual, resulta ser una manera metafórica de concentrar el tiempo, y trae a la memoria de las personas el hecho de importancia. Si la imagen es imitada, y si se convierte en un producto rentable, es influyente, archiconocida, permanente, trascendental, y alcanza el nivel de símbolo, o estereotipo durable, entonces estamos hablando de un icono en comunicación o en los mass media.
De todo lo anterior se deduce que una fotografía siempre es una imagen en tiempo pasado; por más que el usuario de la cámara pueda representar con alegorías el presente, e incluso al futuro, icónicamente hablando, todo ello independientemente de la máquina fotográfica que tenga.
Si por ejemplo, el fotógrafo dispara una ráfaga de fotos con una cámara motorizada, aunque no se dé cuenta, lo que está haciendo en realidad, es que intenta “perseguir” al tiempo con una mayor cantidad de disparos; y a su vez esa secuenciación fotográfica, se convierte en una sumatoria de tiempos, por así decirlo, de la duración de cada uno de los disparos que captan el fenómeno, - a base de intervalos regulares - , entre disparo y disparo; y naturalmente siempre pierde la partida, ya que es una competencia que se sabe de antemano cómo va a terminar, con todas las imágenes en tiempo pasado.
¿Y qué ocurre con los fotomontajes realizables de muchas formas?, sencillamente que se juntan dos o más imágenes en pretérito; lo que nos atrevemos a llamar “un pretérito combinado”. Se combinan el aquí-en-este-momento, con el allá-después…siempre en pasado, como dijimos. El montaje es un “matrimonio” que provoca una redundancia o reiteración de la temporalidad; pero en definitiva, si se mezcla el tiempo, también se conjuga el espacio, al estar indisolublemente unidos.
Quien hacía un auténtico corte transversal en el tiempo debido a su maestría en el oficio, sin hacer combinaciones de imágenes, y sin ni siquiera permitir alteraciones en el encuadre original efectuado in situ, era Henri Cartier Bresson. En su ya clásico libro titulado El Momento Decisivo, aparecido en el 1952, (2) afirmaba: “dentro del movimiento hay un momento en el cual todos los elementos que se mueven están en equilibrio”. Esto implica que él enfatizaba el cinetismo y la composición de la imagen fotográfica, más que el aspecto de la temporalidad, a pesar de que con el título sí lo hizo.
En cualquier caso los cuerpos se desplazan en el tiempo y en el espacio, y en la mayoría de las fotos “straights”, lo que se hace es congelar el momento, si se sabe, y/o se quiere, y/o se puede, o bien, detenerlo o combinarlo, si se desea, como ya hemos visto en los montajes.
Cuando existe algún tipo de movimiento involucrado durante la toma, (del sujeto, de la cámara y/o del fotógrafo), hay que tener en consideración dos variables indirectas que inciden en la apariencia fotográfica: y son la exposición correcta de la luz, y que el sujeto esté bien enfocado, empero, aún así la imagen puede salir movida también, dependiendo de la velocidad de obturación o disparo, y/o de la rapidez de los desplazamientos envueltos (3).
En los supuestos en que la fotografía aparezca corrida o vibrada (ligeramente movida), se podría interpretar como un patinazo o resbalón en el tiempo, claro está, en el pasado siempre. De cualquier forma es un tiempo diferido. Este efecto se realiza de varias maneras, incluyendo al llamado “barrido” o “paneo”, en todas sus variantes.
La variable de la temporalidad siempre es un tema complejo en cualquier disciplina, y en la fotografía no es ninguna excepción, por ejemplo, ¿que sucede con el tiempo cuando la foto se toma de un espejo? En este caso el tiempo va y vuelve antes de quedar plasmado. ¿Y la imagen con un difuminado o efecto de “flou”?, se podría interpretar que se hace para diluir el tiempo. ¿Y que ocurre cuando se retoca la foto para eliminar todas las pequeñas imperfecciones de la piel y para quitar años?, tal como casi siempre sucede en las imágenes publicitarias y propagandísticas, ¿se está engañando al tiempo?, a la vez que se intenta mentir también a quien contempla la imagen. Pero ¿que pasa cuando se le cambia el color a una apariencia fotográfica?, ¿se trata de una mudanza en el tiempo de un planeta a otro? Y si se crea un efecto de tercera dimensión con la foto, ¿se resalta el tiempo o se proyecta hacia el futuro, con ese efecto?
Hay trucos más complejos, por ejemplo, permutando el fondo de la modelo o del sujeto, con una abstracción, o bien, con un efecto de realidad virtual, con un fractal, o con cualquier otro tipo de imagen irreal. Con estos efectos se está sobredimensionando al tiempo al trasladar al sujeto a un espacio imposible en la vida real. ¿Pero que sucede en los supuestos en que se intervenga la imagen con cualquier programa de manejo de imagen? Aquí se traslada el tiempo a otra categorización.
Ahora bien, si no se realiza ningún tipo de efecto, ¿se relaciona la foto con el tiempo?, pues claro que sí porque al tener una duración, o bien, dicho de otra forma, el haber tomado una fracción de tiempo durante la toma la vincula con lo temporal. Así tenemos que un paisaje magnificente puede producir una sensación de tiempo detenido, o un momentum, ya que puede ser algo sobrecogedor. ¿Y si se trata de una imagen romántica de una pareja, o de unos niños jugando?, pues lo mismo digo, el primero sería un tiempo íntimo, y el segundo un tiempo alegre y desenfadado. El mismo razonamiento se puede aplicar para los centenares de tipos, clases, y categorías de fotos que existen. (4)
De lo que no cabe ninguna duda, si hacemos otro tipo de deducciones, es que en fotografía existen varios tiempos diferentes solapados. Por un lado tenemos al tiempo que dura la toma fotográfica en sí, que es diferente del tiempo que pasa desde la toma, o del tiempo de preparación para la toma. Otro tiempo es la edad de los sujetos, o bien, la edad que aparentan, y así sucesivamente.
Tal como afirmaba Roland Barthes, (5): “El punctum de una foto es ese azar que en ella me despunta (pero que también me lastima, me punza)”. Eso mismo puede hacer que el fotógrafo vuelva a la realidad, y caiga en la cuenta de que ¡cuán ilusa es la fotografía con el tiempo, que quiere atraparlo a toda costa y no lo logra nunca!

BIBLIOGRAFÍA:

(1) Román Gubern. LA MIRADA OPULENTA. GUSTAVO GILI. BARCELONA. 1987. Pag. 159.
(2) Henri Cartier Bresson. THE DECISIVE MOMENT. SIMON AND SCHUSTER. NEW YORK. 1952.
(3) Faustino Pérez. TEORÍA DE LA TOMA FOTOGRÁFICA. BÚHO. SANTO DOMINGO, R.D. 2007. Pag. 28 y 100.
(4) Faustino Pérez. TIPOS DE FOTOS. BÚHO. SANTO DOMINGO, R.D. 2005. Pag. 34-40.
(5) Roland Barthes. LA CÁMARA LÚCIDA. PAIDÓS COMUNICACIÓN. BARCELONA. 1990. Pag. 65.

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