lunes, octubre 15, 2007

¿Fantasmas de Egro?

ADRIAN JAVIER


Faustino Pérez no ve. Re-ve. Es un exquisito veedor profesional. Se instala en la punta de la lengua y recompone sus afluentes de magia, reflejo, estupor y desmemoria. No deja cabos sueltos propensos a la imaginación litigante. Hace gala sí, de su oficio primero de merodeador impoluto.
Depone las agruras de su esquicia congénita y da paso a una pasión que convoca, en medio de las alucinaciones febriles que provocan las cosas y los cuerpos imposibles; henchidos por el fuego decidor que impone el delirio a la memoria desfalleciente.
No descansa. Caza. Hala. Se insomnia. Avista un gesto y lo eterniza en su instante de irrepetible incertidumbre. No crea. Emula. Finge develar la realidad que discurre al interior de los seres fascinados. Reproduce los monstruos de la fe y los coloriza mejor en su intemperie. No retrocede ante el esplendor. Más bien, se auxilia de la propedéutica que supone, brindan y simbolizan los elementos de la posmodernidad, con el fin expreso de re-crear las penumbras con que el azar suele armar sus quebrantos y diseñar sus estrategias.
Pero a Faustino Pérez se le ha escapado un detalle. Sus Visiones de Koloruum decodifican un mundo aterido al secreto suplicio de almas en reserva. Son sombras sin horizonte ni materia de soporte. Destellos insalvables de un haz infame, nacido de un espíritu condenado a descifrar las claves escondidas bajo el halo terrible de lo sublime y lo telúrico. Aviesa delación de la imago al descampado. Profusión de los sueños del que sabe ver.





Santo Domingo,
Septiembre 21, 2007

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