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lunes, enero 18, 2010

FAUSTINO O EL LIBRO QUE SE LE PARECE




ACTO DE LA PUESTA EN CIRCULACIÓN DEL LIBRO MABÍ EN LAS VENAS EN EL MUSEO DEL HOMBRE DOMINICANO. De IZQ.A DER.: Adrián Javier, Marcio Veloz Maggiolo, Faustino Pérez, Manuel García-Cartagena.


MANUEL PEÑA, AIRSA GERMOSO DE PÉREZ, VICTOR ÁVILA, ANDRÉS L. MATEO 29AGO07 MUSEO DEL HOMBRE DOMINICANO

RAMÓN OVIEDO,Y YANELA HERNÁNDEZ


ZAIDY ZOUAÍN, Y GRISELDA LLOVERA

Texto Tomado de El Nacional
http://www.elnacional.com.do/semana/2010/1/16/37118/Faustino-o-el-libro-que-se-le-parece


PARA SABER MÁS:
librosdefaustinoperez.blogspot.com/

16 Enero 2010, 7:35 PM

Muchos son los casos en que la literatura funge como remedo de la historia, en que el arte verdadero dice más y revela mejor al hombre y su tiempo, que los aburridos folios académicos, o los pretendidos enfoques científicos

Escrito por: Adrián Javier (reodefuente@hotmail.com)

Hay quienes piensan que quienes escriben, sólo lo hacen para “explicarse el mundo”; o quizás, para que los amigos “lo quieran más”, como es el caso auto confesado del Nóbel colombiano Gabriel García Márquez (1927).

Otros opinan que el acto de la escritura creativa, entraña un arraigado sentimiento de ausencias, frustraciones y pesares inconfesados, aún no asumidos.

Los hay también, quienes consideran el oficio de la escritura con el fin predeterminado de su posterior publicación; como aberración intelectual, desenfado espiritual, atrevimiento social, y/o la más patética de las petulancias personales.

No dejan tampoco de aparecer quienes afirman, que el reverso idiosincrásico de los escribidores de toda laya, tema, ciencia y lugares del mundo; responde a una personalidad en permanente, fluida y renovada perplejidad; por la atención curiosa y pendenciera que prestan al ánima de las cosas, y a las acciones del hombre.

Hambrienta siempre de verdaderas primicias, provenidas de toda fuente y soporte; si algo caracteriza a este último rango referido -el de la personalidad en permanente y renovada perplejidad-, es la avidez de conocimiento con que se nos presenta –en todo medio-, su ser de extremos y consecuencias. Explorador apasionado en un mundo de alma virtual, superpuesto por razones insólitas, muchas veces de inédita complexión alegórica; carentes de simples envolturas cartesianas, mas sí, pletórica de símbolos subterráneos, referencias metafóricas sublimadas, signos emblemáticos subyacentes, como de manifestaciones icónicas aun sin clasificar.

Expresiones en clave revuelta, traspuestas en códigos invisibles, por inadvertidos, y sobre todo, aún ausentes de la catalogación serial común.

Estos modos diversos de ponderación, acerca de los procesos creativos que impulsan o signan el espíritu de algunos, para intentar a diario volcar las terribles interrogantes o las pequeñas y maleables certezas de la colectividad, en el acto de pura rebelión interna que supone la escritura, responden a una azarosa y sintomática veleidad, de la que es victima la propia masa procreante que le sirve de proyección y plataforma. Convirtiéndola en esa fuerza avasalladora e inconsecuente, que sufre el lujo de mostrar indiferencia frente a aquellos que practican un decir, soñando un hacer en libertad, que habría de volverse reflejo irrefutable de su entorno; filtro licuante de sus pesadillas y conquistas, fidedigna transparencia de sus anhelos y derrotas, cuando no, primoroso encause de sus esperanzas, cual médium conector del arte con la sociedad, testimoniante de las transformaciones infinitas ocurridas en el corazón del hombre común, cuando su esencia primaria es confrontada con el poder de la belleza.

Muchos son los casos en que la literatura funge como remedo de la historia. En que el arte verdadero dice más y revela mejor al hombre y su tiempo, que los aburridos folios académicos, o los pretendidos “exhaustivos” enfoques de científicos, sociólogos, catedráticos, investigadores, encuestadores, periodistas, politólogos, lingüistas o alicaídos “profesionales de la conducta humana”.

Y este es el caso del undécimo y más interesante libro de Faustino Pérez (1945), titulado con gracia y donaire conceptual: “Mabí en las venas” (Búho, 2007. 295 Pp.).

Siendo la última delación editorial de un artista polivalente, no es de extrañar que sea en el interior de su amplia bibliografía, el libro que más se le parece.

La obra es un compendio de asombros. La estructuran ensayos didácticos sobre las artes visuales, la literatura, la sociología, la cultura popular y la tecnología. Así como puntillosas reflexiones docentes sobre el discurrir massmediático de personalidades del espectáculo; una prosa imbuída por el extasis que producen los avances de la ciencia y la diaria progresión de la comunicación digital en la vida de los mass media, nacidos en el desequilibrio romántico del siglo pasado.

“Mabí en las venas” se nos presenta como una loable y curiosa circunnavegación alrededor de los media; aquilata sus mensajes y reseña características inexploradas de sus protagonistas. Abarca además, los diferentes medios expresivos: la televisión, los periódicos, la radio, el internet, la publicidad y un largo, informativo y divertidísimo etcétera.

Se trata de un libro hablador y conceptuoso. Divertido, revelador, interactivo y vislumbrante. Diseñado por un escriba que intentó tallar a su medida un espejo de palabras que habrían de reflejar la imposible memoria de su desemejanza. Lo intentó seriamente y lo logró sin duda alguna. Lo hizo a su imagen y talento. Lo escribió tal como lo imaginó: bajo la égida del cuadrante del insomnio. “Mabí en las venas” es un libro escrito al socaire de la sensibilidad y el embeleso. Sus páginas están fermentadas con la expresa intención de hacer pensar en nuevas preguntas para un mundo desalmado, y sin respuestas satisfactorias ante lo inasible.

lunes, octubre 15, 2007

¿Fantasmas de Egro?

ADRIAN JAVIER


Faustino Pérez no ve. Re-ve. Es un exquisito veedor profesional. Se instala en la punta de la lengua y recompone sus afluentes de magia, reflejo, estupor y desmemoria. No deja cabos sueltos propensos a la imaginación litigante. Hace gala sí, de su oficio primero de merodeador impoluto.
Depone las agruras de su esquicia congénita y da paso a una pasión que convoca, en medio de las alucinaciones febriles que provocan las cosas y los cuerpos imposibles; henchidos por el fuego decidor que impone el delirio a la memoria desfalleciente.
No descansa. Caza. Hala. Se insomnia. Avista un gesto y lo eterniza en su instante de irrepetible incertidumbre. No crea. Emula. Finge develar la realidad que discurre al interior de los seres fascinados. Reproduce los monstruos de la fe y los coloriza mejor en su intemperie. No retrocede ante el esplendor. Más bien, se auxilia de la propedéutica que supone, brindan y simbolizan los elementos de la posmodernidad, con el fin expreso de re-crear las penumbras con que el azar suele armar sus quebrantos y diseñar sus estrategias.
Pero a Faustino Pérez se le ha escapado un detalle. Sus Visiones de Koloruum decodifican un mundo aterido al secreto suplicio de almas en reserva. Son sombras sin horizonte ni materia de soporte. Destellos insalvables de un haz infame, nacido de un espíritu condenado a descifrar las claves escondidas bajo el halo terrible de lo sublime y lo telúrico. Aviesa delación de la imago al descampado. Profusión de los sueños del que sabe ver.





Santo Domingo,
Septiembre 21, 2007

jueves, agosto 30, 2007

ADRIÁN JAVIER PRESENTA EL LIBRO "MABÍ EN LAS VENAS" DE FAUSTINO PÉREZ

FAUSTINO PÉREZ O EL LIBRO QUE SE LE PARECE

Por ADRIÁN JAVIER

“Los extremos me tocan”
André Gide

“El fin justifica los miedos”
Mafalda



Hay quienes piensan que quienes escriben, sólo lo hacen para “explicarse el mundo”; o quizás, para que los amigos “lo quieran más”, como es el caso auto confesado del Nóbel colombiano Gabriel García Márquez.

Otros opinan que el acto de la escritura creativa, entraña un arraigado sentimiento de ausencias, frustraciones y pesares inconfesados, aún no asumidos.

Los hay también, quienes consideran el oficio de la escritura con el fin predeterminado de su posterior publicación; como aberración intelectual, desenfado espiritual, atrevimiento social, y/o la más patética de las petulancias personales.

No dejan tampoco de aparecer quienes afirman, que el reverso idiosincrásico de los escribidores de toda laya, tema, ciencia y lugares del mundo; responde a una personalidad en permanente, fluida y renovada perplejidad; por la atención curiosa y pendenciera que prestan al ánima de las cosas, y a las acciones del hombre.

Hambrienta siempre de verdaderas primicias, provenidas de toda fuente y soporte; si algo caracteriza a este último rango referido -el de la personalidad en permanente y renovada perplejidad-, es la avidez de conocimiento con que se nos presenta –en todo medio-, su ser de extremos y consecuencias; regularmente explorador apasionado en un mundo de alma virtual, superpuesto por razones insólitas, muchas veces de inédita complexión alegórica; carentes de simples envolturas cartesianas –esta última, vía expedita y preferida para la divagación intelectual, invertebrada y fácil-, mas sí pletórica de símbolos subterráneos, referencias metafóricas sublimadas, signos emblemáticos subyacentes, como de manifestaciones icónicas aun sin clasificar, expresiones en clave revuelta, traspuestas en códigos invisibles, por inadvertidos, y sobre todo, aun ausentes de la catalogación serial común.

Estos modos diversos de ponderación, acerca de los procesos creativos que impulsan o signan el espíritu de algunos, para intentar a diario volcar las terribles interrogantes o las pequeñas y maleables certezas de la colectividad, en el acto de pura rebelión interna que supone la escritura; responden a una azarosa y sintomática veleidad, de la que es victima – sin siquiera saberlo, intuirlo ni sospecharlo-, la propia masa procreante que le sirve de proyección y plataforma, convirtiéndola en esa fuerza avasalladora e inconsecuente, que sufre el lujo de mostrar indiferencia frente a aquellos que practican un decir, soñando un hacer en libertad, que habría de volverse –se piensa erróneamente que “de forma natural”-, reflejo irrefutable de su entorno, filtro licuante de sus pesadillas y conquistas, fidedigna transparencia de sus anhelos y derrotas, cuando no, primoroso encause de sus esperanzas, o en el mejor de los casos, cual médium conector del arte con la sociedad; testimoniante de las transformaciones infinitas ocurridas en el corazón del hombre común, cuando su esencia primaria es confrontada con el poder de la belleza.

Muchos son los casos en que la literatura funge como remedo de la historia. En que el arte verdadero dice más y revela mejor al hombre y su tiempo, que los aburridos folios académicos, o los pretendidos “exhaustivos” enfoques de científicos, sociólogos, catedráticos, investigadores, encuestadores, periodistas, politólogos, lingüistas o alicaídos “profesionales de la conducta humana”.

Y este es el caso -permítanme aseverarlo con satisfacción mal disimulada- del undécimo y más interesante libro de Faustino Pérez, titulado con gracia y donaire conceptual: “Mabí en las venas” (Editorial Búho, 2007. 295 Pp.,).

Siendo la última delación editorial de un artista polivalente, no es de extrañar que “Mabí en la venas”, sea en el interior de la amplia bibliografía de su autor, el libro que más se le parece. Veamos sus encuentros y disonancias…

El autor es catedrático universitario, poeta onomatopéyico, fotógrafo del maravilloso cuerpo femenino, analista embebido frente al mar en el atardecer, estudioso de las ingles del día en las palabras y del atardecer en su agonía y sus canciones; como el poeta español, Rafael Alberti, el autor de “Mabí en las venas”, es prologuista de cal y canto, y por supuesto, albacea de la noche andada en su primogenitura.

Además; crítico de las artes visuales, voyerista meritorio e irreconocido de la Zona Colonial, antiguo teórico del Parque Colón, guardián asalariado del campanario de la catedral, Economista sin ningún ejercicio, pero graduado con honores en el exterior, hemerotecógrafo a hurtadillas, cultivador clandestino del arte digital conceptual, profesor de inglés a medio tiempo, articulista virtual, a destajo y semejanza, místico, cínico, irónico y ensayista de espada contra la pared; prohijador de estudios pioneros sobre la comunicación dominicana no-verbal, memoriólogo, desmemorioólogo, lacónico consumado y nihilista por encantamiento y desacato; estudioso entusiasta de la semiótica de los cómics, bibliotecólogo, sociólogo ad vitam e in tempore, humorista de la más fina estampa, coleccionista de ostras, corolas, cabezas de caballos de madera, caracoles y luciérnagas mudas, así como de pedazos de arrecifes, vidrios miniformes de vasos de colores y muñecas infantiles de plástico y mansedumbre; espectador y filibustero, bolerista de buen talante y tertulión; amigo y escultor, y en fin… primer capataz de una horda histriónica de comensales, rezagados por un poema impronunciable, pero anochecido en sus requiebros y andadura silábica, que él ha sabido
bautizar como “picaderófilos”, aportando un dominicanismo más a la barahúnda dialectal de los Caribes, más precisamente; al caos querido de este fragmento inolvidable de los trópicos.

La obra es un compendio de asombros. La estructuran ensayos didácticos sobre las artes visuales, la literatura, la sociología, la cultura popular y la tecnología. Así como puntillosas reflexiones docentes, sobre el discurrir mass mediático de personalidades del espectáculo; una prosa imbuida por el éxtasis que producen los avances de la ciencia y la diaria progresión de la comunicación digital en la vida de los mass media, nacidos en el desequilibrio romántico del siglo pasado.

Esto es, “Mabí en las venas” se nos presenta como una loable y curiosa circumnavegación alrededor de los media; aquilata sus mensajes y reseña características inexploradas de sus protagonistas.

Visto y revisto, tras un enfoque sosegado y pormenorizado de los tópicos recurrentes que conforman los movimientos y las manifestaciones de las culturas marginales, y marginadas, por la llamada cultura establecida; “Mabí en las venas” abarca además, los diferentes medios expresivos: la televisión, los periódicos, la radio, el Internet, la publicidad, y un largo, informativo y divertidísimo etcétera, etcétera.

Se detiene con detalle minucioso y objetivo, en sus elocuentes y particulares modos de operar alternativos: los signos gramaticales, las representaciones emblemáticas de las leyendas urbanas, los letreros populares, el graffitti, los símbolos mercadológicos, la polivalencia del lenguaje gestual, las multivocidad de las expresiones sincréticas, los valores fundantes y multifuncionales del lenguaje cinematográfico, el origen de acrónimos devenidos dominicanismos, el erotismo gestual en la mujer dominicana, así como el constante surgimiento de novedosos productos y elementos gráficos; frutos insoslayables de los procesos de avances en la comunicación y la electrónica; los cuales habrán de robustecer, multiplicar y minar los empobrecedores lenguarajes actuales, los antiguos enigmas dilucidados y refrendados por McLuhan, y los
misteriosos saberes escondidos al interior del inconsciente promedio, que cada segundo ve revolucionarse su integridad fractal, copando el urgente y ya irremplazable espacio virtual que lo conforma.

De “Mabí en las venas”, podríamos decir casi lo mismo que se expresa en la introducción de la web site del “Atlas Español de la Cultura Popular”, refiriéndose al estudio que le sirve de justificación y pretexto a su razón de ser en el espacio: “El estudio abarca los diferentes medios expresivos, interrelacionando tanto los continentes como los contenidos, tanto las temáticas como los creadores, y agrupa a los textos teóricos e historiadores. Se aproxima a las mitologías de los personajes reales y a la visión que los media comunicantes deslizaron desde la cultura popular, en torno a los Adivinanceros, Animación, Aventuras, Calendarios, Canción, Cartelismo, Ciencia-Ficción, Cine genérico, Consultorio radiofónico, Crimen, Cromos, Cuentos, Estampas religiosas, Fanzinismo, Folletín, Fotomontaje, Fotonovela, Historieta, Humor gráfico, Ilustración, Juegos, Juguetería, Literatura Infantil y Juvenil, Narrativa Fantástica, Narrativa Rosa, Oeste, Postalismo, Prensa Rosa, Prensa de sucesos, Radio, Recortables, Refraneros, Teatro callejero, Televisión, Terror, Video (…) la investigación adopta el formato taxonómico y de diccionario, y en la ordenación de sus entradas se atiende, con especial dedicación, a las voces de enlace y réplica para una mejor y más férrea navegación. Lo aquí aproximado es un ejemplo mínimo de la totalidad (…). Acaso permita entender la complejidad de la investigación, de su sistematización, de las categorías, del enfoque teórico, de las denominaciones, de los apoyos gráficos, así como de los géneros, mediante una secuencia de materiales seleccionados con la intención de que sirvan de apoyo para conocer, saber, aproximar y concretar cómo y quiénes han protagonizado este sendero histórico”.

Podríamos decir casi lo mismo, es cierto, pero preferimos hablar de las páginas de “Mabí en la venas”, con las palabras que utiliza su propio autor, refiriéndose a la supuesta “mudez de las paredes”, en un texto de antología faustiniana, titulado “Graffiti nuestro de cada día”: nos “hablan” a los ojos, nos dicen cosas, nos comunican experiencias, nos advierten de
los peligros, nos señalan los caminos, nos notifican, nos anuncian e informan de todo aquello que se puede expresar con la escritura, que no es poca cosa.

Faustino Pérez hoy pone a circular el libro que más se le parece. No lo digo yo, lo entreverá él en un texto testimonial que sirve de prólogo a “Mabí en las venas”, titulado: “Testimonio como escritor y como artista”. Le cito: Desde que me inicié en el arte y en la escritura, me he guiado por el principio de que “el estilo es el hombre”, en el sentido de que el ser humano en general, y el artista y el escritor en particular, al expresarse en cualquier manifestación de la vida, lo hacen a su manera, es decir, con su sello personal. El único requisito consiste en dominar la técnica y/o la destreza. Siempre con la intención de trascender, aunque muchos no se den cuenta den cuenta de esto, y por más que el instinto de supervivencia pretenda imponerse (…) Empero, aquel que tenga la predisposición y aptitud para algo, sólo le queda aprender y mejorar su técnica, con la intención de intentar sobresalir.

Por esta evidenciada identificación de autor y obra, no nos sorprende la referencia al libro de Sigmund Freud, titulado “La Psicopatología de la Vida Cotidiana”, publicado en el 1901, y referido por Faustino Pérez como libro que le marcara tras su lectura en la década de los ’70.

Considerándolo como “un punto de inflexión” en su evolución profesional; el Faustin hace una aseveración que nos alienta a seguir adelante en la lectura de “Mabí en las venas”. Esta aparece contenida en el texto titulado: “Mi libro favorito: de la mano del doctor del cigarro”: para mí la importancia de un libro estriba en su capacidad de “iluminarnos”, y simultáneamente de abrirnos “caminos” por donde transitar, intelectualmente hablando. Un libro que impacte a uno, hasta convertirse en favorito, ha de tener mucha “personalidad”, por decirlo de alguna manera (…) yo fui llevado de la mano de Freud, al “mundo” de lo meta-comunicado;
aprendí a no dar por descontado las apariencias y a buscarle otros significados a lo cotidiano. ¡Toda una revelación en esa coyuntura de mi existencia!”, dice el Faustin. Y qué bueno para nosotros sus lectores que fue así. Evidentemente, “Mabí en las venas” es el botón que mejor nos muestra las esencias aprehendidas tras las lecciones del Padre del Psicoanálisis.

Se trata de un libro hablador y conceptuoso. Divertido, revelador, interactivo y vislumbrante. Diseñado por un escriba que intentó tallar a su medida un espejo de palabras que habrían de reflejar la imposible memoria de su desemejanza. Lo intentó seriamente y lo logró sin duda alguna. Lo hizo a su imagen y talento. Lo escribió tal como lo imaginó: bajo la égida del cuadrante del insomnio. “Mabí en las venas” es libro escrito al socaire de la sensibilidad y el embeleso. Sus páginas están fermentadas con la expresa intención de hacer pensar en nuevas preguntas para un mundo desalmado, y sin respuestas satisfactorias ante lo inasible.

martes, junio 26, 2007

FAUSTINO PÉREZ ENTREVISTA A ADRIÁN JAVIER

FAUSTINO PÉREZ ENTREVISTA A ADRIÁN JAVIER


Santo Domingo, 23 de junio 2007

Poeta del sol y de las sombras, poeta de la carne, nacido en el 1967, ganador del Premio Nacional de Poesía y del Premio de Casa de Teatro, enfant terrible de la literatura dominicana, Adrián Javier nos muestra algunas de sus múltiples facetas en esta entrevista, en un tiempo sacado a su profesión de publicista y de creativo. F. P.

“La verdadera aventura del hombre es el olvido”: Adrián Javier

F. P.: ¿QUÉ ESTÁS LEYENDO ÚLTIMAMENTE?

A. J. : -Como ha sido mi costumbre desde hace años, y debido a una especie de “desorden sentimental”, tengo lecturas múltiples (asesinatos aviesos que acomete mi espíritu travieso, teniendo el ojo avizor como única arma). Actualmente releo el “Ecce Homo” de Friedrich Nietzsche, “Mortal y Rosa” del escritor español Francisco Umbral, y acorde con la última moda, la edición de la Real Academia “del libro de García Márquez” –como dice su cuate Plinio Apuleyo Mendoza-, ya que trae nuevos estudios, cuyos tópicos, por supuesto compararé con los referidos por el estudio (1971) de Mario Vargas Llosa, titulado “García Márquez: Historia de un Deicidio”. ¡Claro que hablo de “100 Años de Soledad”!, libro que saliera a la luz pública, pocos días después de mi nacimiento.

¿EN QUÉ MEDIO TE SIENTES MÁS A GUSTO: EN LA POESÍA, QUIZÁ EN EL ENSAYO, O BIEN, COMO PUBLICISTA?

-El “medio” es la palabra. Y tras ella me desnudo y hago el amor como si la guerra que la entretiene, tuviera el techo forrado de papel y de cristal, y esta no fuera su cuerpo herido ni su espíritu, si no el calor y el alma de la noche andada, que la doblega y desparrama de memoria, hasta el infinito. Es la palabra la culpable. El medio, el mensaje, el texto, el papel, el mundo y el instante. La palabra es el universo. El cuerpo, el alma. La palabra es la herida y el delito. El rumbo y el sendero. El ser perplejo y el acoso. Emblema y oruga. Alegoría y nostalgia. Humanidad y sacrificio. Estilo y decantamiento. Ferocidad y melancolía. Cuando escribo soy. Y cuando borro me deshago. ¿Me borro al escribir que “cuando escribo soy”?, ¿o me escribo cuando digo que al borrar me deshago? No lo sé. La palabra anda en el poema, corre en el ensayo y come alpiste montada en Altazor en un mercado isleño troglodita. Puede darse el lujo de ser ajena a la intemperie que la ronda. Pero no. Asiste al mendigo y al fugitivo; al místico y al cantor del mismo modo que al ser perplejo y al mísero. Es fortuna y es quebranto, la palabra. Y toma de la esencia el molde que la procura. Me urge su esplendor. ¡Persigo su gracia!

¿TE CONSIDERAS UN POETA ERÓTICO?

-Me considero solo un hombre, como si esto fuera poco. Como si el padecimiento que esto implica fuera pequeño. Me considero un hombre aterido a la perplejidad del capricho de un cuerpo ardiendo, henchido por la humedad que ha de hacerlo inolvidable y sagrado. ¿Soy un poeta? No lo sé bien. ¿Soy un poeta erótico? ¡¿Qué sé yo?! Pero de lo que sí estoy seguro, ¡segurísimo!, es que soy un hombre condenado. Un hombre débil y condenado, pero por la belleza, por supuesto. Alelado y sumiso. Dado al abandono y a cada segundo; sobre todo cuando su anatomía es enfrentada a la eternidad inaplazable de una piel mejor; hechizada a la luz del poniente. Lo dije el jueves en la noche: “Una mujer desnuda es un mar sin sombras, que diluyendo azares, revela lo inaudito”.

¿QUÉ LIBROS TUYOS ESTÁS PREPARANDO EN LA ACTUALIDAD?

-Tengo 7 años que no publico, pero escribo siempre. Estos son mis libros inéditos: Caballo de Bar (Poesía), “Tocar un cuerpo” (Poesía), “La piel enemiga” (Memorias), “Escritura y Secreto” (Ensayo sobre los procesos de Creación Literaria), “La Joven Lengua” (Recopilación de artículos), “Todo de mí menos yo” (Espejos, Aforismos y Aventuras de la perplejidad), “Cuadrante de Insomnio: Diálogo con Antonio Fernández Spencer” (Entrevistas), “El Libro Feroz” (Aforismos), “Islario” (Aforismos), “El Tren Líquido” (Poesía), “Mala Carne” (Teatro), “Eres linda y hechicera” (Novela), “Reloj del 13” (Antología de jóvenes poetas dominicanos 1990-2007), “La Barca Encendida” (Antología Personal), “Ardid de la Rosa” (Antología Personal), “La Rodilla Menor” (Antología Erótica de la Generación de los 80), “Cuerpo de Viaje” (Memoria de Viajes) y “Antonio Fernández Spencer: El mago de las formas” (Ensayo), junto a la 2da. Edición, corregida, aumentada y actualizada, del “Directorio Electrónico Interactivo de Periodistas, Artistas y Escritores Dominicanos”. ¿Qué por qué no los publico? ¡Faltan cuarto…. para la seis!

¿QUÉ HAN SIGNIFICADO PARA TI LOS PREMIOS LITERARIOS RECIBIDOS?

-Más amigos, más enemigos, más posibilidades, más obstáculos, más desacreditadores, más delatores, más lectores…. (¿?), ¡Hummm!, Más presencia, más ausencia, la llamada inolvidable de Andrés L. Mateo, la voz “madrugante” de Enriquillo Sánchez, la noche con el cuerpo más amado del mundo, la repetición de esa noche, delicias de cinemascope, viajes y truenos, laboreo y purgatorio, relaciones peligrosas y un respiro. Todos los libros de Freddy Gatón Arce, el abrazo monumental de Lupo Hernández Rueda, la tristeza honda por haber coincidido con la muerte de mi maestro, Antonio Fernández Spencer, y el develamiento de un secreto paterno: después de tanta lucha a favor de la poesía y en detrimento de ella y sus oficiantes, padre e hijo por fin se encuentran sin saberlo; una vez, en el auto, descubrí que mi padre guardaba para mostrárselo a sus amigos, con mucho orgullo, un recorte de un editorial de don Rafael Herrera, dando cuenta de la concesión del Premio Nacional de Poesía, en mi nombre estampado un subrayado en azul. Puedo decir más, pero debo tomar agua…

¿REALMENTE SE CONCEDE EL PREMIO LITERARIO AL MEJOR?

-Sólo he sido Jurado de Premiación una vez, y fue en el 1990 como jurado de Casa de Teatro, conjuntamente con Ramón Francisco y Manuel Rueda, los dos grandes lamentablemente ya fallecidos. Esa vez se impuso mi criterio, creo que fue, realmente por pura cortesía, puesto que todos llevamos una lista de seis finalistas para elegir el agraciado que devino luego en desgraciado y fantoche de feria. Propuse al glotón y qué bueno; ganó la gula. Siempre gana la gula, aunque sea el futuro el que al final obtenga el infame deterioro. Pero pensándolo bien, creo que en estos concursos se impone el gusto más que un razonado criterio. Aunque algunos dirán que a ese criterio no lo permea el gusto, o al revés, pero lo cierto es que todo concurso es una competencia de gustos y disgustos. El gusto pre-califica. El disgusto, discrimina. Si me gusta tu partido me gusta tu libro. Si me disgusta tu persona, no me gusta tu libro. Esa parece la cuestión de hoy. ¿Y que pasa con los que formamos el partido de los hombres solos, sin militancia? ¡Bájense que están tirando!

¿TIENES ALGUNA MUSA TODAVÍA?

-Oye que sí. Tengo dos. Pero precisan se las mantenga en secreto. Una pinta y la otra baila. Una llora y abraza y la otra canta y ruega que la dejen ver tranquila Discovery Kids.
¿QUIÉNES SON PARA TI LOS TRES MEJORES POETAS DOMINICANOS YA FALLECIDOS? -Franklin Mieses Burgos, Manuel Del Cabral y Antonio Fernández Spencer

¿QUÉ OPINIÓN TE MERECEN LOS POETAS DOMINICANOS DE TU GENERACIÓN Y DE LA POSTERIOR?

-No hay posterior. No hay “Generación posterior”. Pongámonos en el asunto. A una Generación la decanta su sensibilidad. Su sensibilidad estética y su hipersensibilidad lingüística. Lo que le acosa y le perturba. Lo que le “insomnia” y fascina. Una Generación perpetra su identidad a fuego limpio, sin importar las capillas de pseudo intelectuales amelcochados y consagrados por el auto y mutuo-bombo. Una “Generación” se deshace y se rehace, partiendo de su búsqueda particular, al interior de los enmarañamientos conceptuales de algunos monstruos estatuidos por el caos y la ausencia de una critica objetiva, alejada de la discriminación, la confabulación y el prejuicio. Todavía arde el fuego decidor de la Generación de los 80’. ¿Qué hay después de José Mármol, Dionisio de Jesús, Médar Serrata, Ángela Hernández, Pastor de Moya, Aurora Arias, César Augusto Zapata, Manuel García Cartagena, Juan Manuel Sepúlveda, Sally Rodríguez, Plinio Chahín, José Alejandro Peña, Martha Rivera, Alejandro Santana y muchos, muchos, muchos otros?, ¿Qué? ¡Ay ombe! Los chicos de los 90, ¿qué serían sin los morfo-linguistas de los 80? ¡Nada! Son rémoras en desalojo buscando refugio seguro en lo mejor de la última generación de escritores dominicanos. (“Oídlo bien, y habrá sangre de nuevo en el país, y habrá sangre de nuevo en el país”, dice Pedro Mir).

¿DE QUÉ FUENTES TE NUTRES PARA TUS CREACIONES?

-De la vida y de la muerte. De la agonía y su símbolo. De la tristeza y sus emblemas caminantes. De la nostalgia y sus secretos. De una muchacha que amanece derrotada y anochece triunfal. De una mujer mejor, desnuda de suplicios y lloros infecundos. De la lengua de mi madre, atada al bar de mi memoria desfalleciente. De “la pura tibieza líquida…” (José Mármol). De la palabra y sus acentos invisibles. De la imagen y el viento que la desdobla. De la solidaridad, que como dice García Márquez, es lo contrario de la soledad. De todo lo vivido y lo pensando. De todo lo sentido y olvidado. De los pianos que cuelgan y los relojes que desaparecen. De esa palabra que se agolpa, brutal, en la punta de la lengua.

¿RECONOCES EN TI LA INFLUENCIA DE ALGÚN OTRO POETA?

-De todos los que he leído u oído y rumorado: Poe, Pound, Eliot, Apollinaire, Vallejo, Del Cabral, Spencer, Mallarmé, Neruda, Del Cabral, Mieses Burgos, García Márquez (más poeta que muchos de la lista), y así, así, hasta el infinito que mi ojo apunta.

¿QUÉ ES MÁS IMPORTANTE PARA TI: LA INSPIRACIÓN O EL OFICIO Y LA TÉCNICA?

Para mí, escribir no es un oficio. Es una forma de ver y sentir el mundo. Escribir entraña un acto de dolorosa prestidigitación. Uno escribe sin miedo a desdecirse, porque confía con plenitud en la multivocidad de sus sombras esplendentes; preñadas de olvidos, paisajes, nostalgias, nombres, pesares, emblemas, recuerdos, amores, símbolos, angustias, pasiones, alegorías… Escribir es dibujarse uno. Marcar en blanco y negro el ritmo tempestuoso del destino de su vida y de su lengua. Prender en su interior el asombro con el mundo nos adoba desde el útero. Cifrar el vacío campeado por la metáfora espejeante y salvadora del perplejo. Escribir es fuga del espíritu sitiado. Flor del despeñadero interior. Ardid de lo eterno, que el rocío ha dispuesto enfrentado al azar, sobre la inocente desmemoria del adoctrinado. Moridero de la realidad y la ilusión, donde el otro –sin saberlo- redescubre lo atroz y divino de su poderosa fantasmática. Así las cosas… Escribir es pensarse uno; borrarse, decirse, desdecirse, contradecirse, señalarse, ocultarse, rebelarse, descubrirse, perderse, leerse uno… Uno escribe “árbol”, y de inmediato le nacen hojas en los ojos, paisajes en las manos, nubes en las glándulas, estambres en los poros, aguaceros tórridos en la mirada… Uno lee “árbol”, y le crece el color verde en la pupila sur; le chorrean raíces profundas en el aire –llegado del oeste- que cubre de canela las pestañas, le cantarutean mirlos traviesos, sabichosos -y antes mudos- en los hombros, o de súbito, la hija pequeña le anuncia el dibujo irreprochable del paraíso en una hoja inolvidable. Escribir es sorprenderse con lo escrito y leerse en los ojos de los otros. Lo demás lo teje el porvenir... Escribir es hilar. Leer es cocer. Todo suscrito al ámbito del misterio. Al reino babélico del enigma. Escribir es la vida invisible de una posibilidad. En un recodo de la lengua procrea el oficio sus acentos; pero “lo escrito”, patentiza sus estrategias en la propia vida del paria que le sirve de soporte. Escribir es catapulta, abismo, embeleso y temblor del impropio que atrofia su semejanza esculpiendo a tajos sus temores; solo aquejado de mundo. Atado al único pedazo de cielo que no le es ajeno: su máquina de rodar y soñar. Justificado a duras penas tan sólo por la belleza y su a veces risible e innegociable fe en el porvenir.

¿CUÁL ES TU COMPROMISO COMO ESCRITOR?

-Mi compromiso está con el olvido. No con el recuerdo. Creo que en el olvido está la verdadera aventura del hombre. Ya lo había planteado en un ensayo publicado, titulado “Los mendigos memoriosos”. El hombre es, esa “nave del olvido” referida. Somos nautas al vacío. Enajenados por la memoria, el hombre pone su mayor empeño en olvidar, no como se cree, en recordar. Somos animales de la nada, no de la memoria como se nos ha querido hacer pensar. Adoro “el recuerdo” de la infancia, los días de vacaciones en el campo, el pálpito insustituible de los primeros amores, pero el sentimiento mayor y más profundo lo produce esa sensación de haber perdido la inocencia. Ese olvido de nosotros “cuando entonces”… Ese pequeño y gran pecado de crecer cada día, olvidando lo real y maravilloso que fue la vida y no será jamás. Porque se ha dicho que “todo tiempo pasado fue mejor”, es que el recuerdo gana terreno y prestigio como huella del hombre y sus requiebros; pero en la más precaria de sus orfandades, el hombre sabe que en un recodo del olvido habita su gracia. La aventura verdadera del hombre es el olvido. Para un escritor, el verdadero compromiso es con la lengua, como significativa representación de su especie y entorno. Lo demás es farándula, pose y militancia política. Ebriedad de los sentidos o canción enamorada del impropio.

¿CUÁL DEBE DE SER EL ROL DE UN POETA EN UNA SOCIEDAD COMO LA NUESTRA?

-Realmente no lo sé. Y te confieso que no me importa. Pero si me apuntas con un arma o me amenazas con secuestrar a una de mis hijas si no te doy respuesta, te diría que el rol más digno es el de ser rebelde. Estar contra lo establecido, contra todo lo “dado por hecho”, ya en el terreno de los procesos creativos como en su desenvolvimiento social. Ser crítico de lo que se dice y de lo que se calla. Administrador del olvido y el recuerdo. Coleccionista de las imágenes que habrán de decirnos y desdecirnos. No tengo idea de la importancia de esta pregunta y mucho menos de la necesidad de sus respuestas. Decía Antonio Fernández Spencer: “¿Qué es un poeta sino unos pasos?” Quizás, pues, ese debe ser el rol del poeta en una sociedad como la nuestra: Dar el primer paso. No ceder jamás un ápice. Ser un fundador. Un rebelde con causas infinitas. Un anarquista consagrado a remover las ánimas de las cosas y los hombres. Me ronda una cascabel y digo las palabras prohibidas en bajo tono. Ha muerto sin permiso Enriquillo Sánchez y todo queda olvidado debajo de sus folios insurrectos.

¿CREES TÚ EN LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA CULTURA?

Sí. Y creo en la cultura al servicio de la tecnología. Todo es un festín. ¡Todo en un festín! El olvido y la palabra. La imagen y el poema. Discovery Channel y “Sin mundo ya y herido por el cielo”, las Torres Gemelas y el libro terrible por la muerte del hijo de Paco Umbral. Vamos a pie hacia el infinito. Nos cantamos a capella el deterioro. Somos nautas y vacío emparejados. Te invito a mi blog trotamundos.

¿CUÁLES LIBROS HAS PUBLICADO?

-Los publicados son menos que los inéditos, como debe de ser. Estos son, sin orden de aparición ni “dobles” para las escenas de riesgo. Claro, si el recuerdo no me traiciona: “Escribir en Femenino”, “Idioma de las Furias, “El Mar que andamos”, “Erótica de lo Invisible”, “El Oscuro Rito de la Luz”, “Mateo Mórrison: Del Verso a la Fragua”, “Día Interior”, “Directorio Electrónico Interactivo de Periodistas, Artistas y Escritores Dominicanos”, “Bolero del Esquizo”, “La Silla del Gato”, “Fracción Vital”, y así, quizás haya “recordado mal” uno que otro. O uno que otro se haya escondido en un recodo afable de la verdadera aventura del hombre.