viernes, marzo 02, 2007

RÉQUIEM POR LA CHICA-BÍPER


Por FAUSTINO PÉREZ


La “chica-bíper” que tanto dio de qué hablar en la década pasada, ha pasado a mejor vida, en cuanto a sus hábitos se refiere, víctima de los adelantos tecnológicos. Parece mentira que la tecnología haya repercutido de esa manera en la profesión más antigua del mundo ¡Quién lo diría!
El famoso “bíper”, - denominación dominicanizada del término en inglés “beeper”-, ese aparato conocido en otras latitudes como radio-localizador o busca-personas, y coloquialmente como el “busca”, ha sido desplazado por el teléfono móvil o celular.
El verbo en inglés “to beep”, significa: emitir una señal sonora o acústica; entonces, “beeper” es el aparato que emite esa señal, al tener el sufijo “er”. Naturalmente, que ese verbo proviene de una onomatopeya, ya que aquella época ciertos aparatos emitían el sonido: “bip” “bip”, que en inglés se escribe “beep” “beep”.
Al abaratarse los costes del teléfono inalámbrico personal, en esa medida fue desapareciendo el bíper, y consecuentemente al mismo ritmo fue cambiando el estilo de vida, de una modalidad sexual importantísima, o mejor dicho, ineludible en la sociedad.
Las repercusiones sociales de ese cambio, no han sido estimadas por las empresas de telefonía. En lo que más ha repercutido el cambio ha sido en el tiempo de demora, ya que antes cuando el cliente o el “amigo” llamaba por el bíper, la joven tenía que buscar la forma de comunicarse con él, casi siempre desde un teléfono fijo, a menos que tuviese un “código” preestablecido con quien llamaba.
Ahora con el celular existe una inmediatez, aunque, como se sabe, ella puede no contestar la llamada, o bien, tener apagado el aparato. Pero se supone que si ella se gana la vida o sobrevive gracias al celular, lo más probable es que esté atenta a la llamada y conteste.
La modernidad y los avances tecnológicos se han aliado a la ex chica-bíper, ya que antes con el bíper ella solamente podía recibir la señal sonora de que alguien quería comunicarse con ella, o bien, le llegaba un mensaje escrito; en cambio, ahora con el celular se han incrementado las posibilidades.
Como se conoce, el celular permite recibir llamadas, o bien mensajes escritos, -al igual que el bíper-; pero ahora el teléfono móvil le posibilita personalizar el timbre, de tal forma que al cliente que le ruega mucho sus favores sexuales, ella le pone al timbre el sonido del llanto de niño; o al dominante, le asigna una marcha militar; al que la hace sufrir, nada más y nada menos, le tiene una bachata; y cuando el que le proporciona muchos regalos llama, suena el Aleluya de Handel...Eso no se podía hacer antes.
No digamos nada del archivo de fotos; ahí ella tiene imágenes para entretener a sus hombres favoritos, desde pornografía hasta paisajes, sin olvidar las imágenes de ella misma en poses sugestivas, y de otras fotos que la protagonista misma toma. Por otro lado, la interesada graba todos los teléfonos y direcciones que le importan, y si es una joven organizada, puede llevar hasta una agenda. También tiene películas cortas, vídeos, y algo de música.
Si se le olvida la fecha, para eso cuenta con un calendario, y si quiere saber a cuanto ascienden sus deudas, o calcular el importe de los regalos de los que ella se ha antojado, para eso está la calculadora.
En caso de que se aburra mientras espera, o en sus ratos de ocio, para eso cuenta con juegos de todo tipo. Si está agotada, tiene a su disposición el “llamado abreviado” con un número de orden; e inclusive, puede hablar sin tocar el aparato. De la misma manera, el celular es activable con la voz.
Para las que están muy involucradas con la computadora, es posible recibir e-mails y faxes, y si no quiere contestar en un momento determinado, tiene la opción de desviar las llamadas, para que le dejen grabado el mensaje. De la misma manera, puede poner el teléfono móvil en “vibrador”, para que nadie se entere de que la están llamando.
Para que no se le pase la hora o se le haga muy tarde en una cita, ahora tiene el despertador del móvil, con el correspondiente reloj para saber la hora en todo momento. En caso de que lo desee, puede chatear, y así sucesivamente.
Curiosamente, si bien la chica-bíper ha sido sustituida por la “chica-del-celular”, a esta última nadie la llama así. Quizá porque antes esa tecnología llamaba más la atención. La chica-biper nuestra era la equivalente a la “call-girl” estadounidense, y son más bien discretas, invitadas a los mejores lugares, y cobran por sus servicios, incluyendo el de acompañante.
Por esos motivos se ven obligadas a vestir con sus galas preferidas.
En el otro extremo del espectro sexual tenemos a la chica-avión; y aunque ese dominicanismo está algo anticuado, el hecho es que aún ningún otro ha logrado superarlo. Se la llama así, porque como se dice coloquialmente “aterriza en todas las camas”, o si se quiere, en “todas las pistas”.
La chica-avión posee sus variantes: el/la “avioncito”, la avioneta, y el “avionazo”. Se dice que una joven es un “avioncito”, cuando tiene esa inclinación poco acentuada; es una manera de decir, que “no lo es tanto”, o una forma algo “cariñosa”, o menos insultante. Es despectiva, pero menos, dependiendo del tono. En los casos en que se afirme que es una avioneta, se trata de una mujer que no da la talla para ser un avión, o también podría ser una principiante, inexperta o tímida. En cambio, cuando se dice que es un “avionazo”, ya no hay disimulos, porque se trata de una auténtica representante de la clase, de un prototipo de mujer, y equivaldría al superlativo. Es un verdadero estigma social. Hay hombres que para expresar que es un “avionazo”, dicen: “esa es un jet”.
Pero, ¿cómo es la chica-avión? Normalmente es una joven proveniente de una familia inestable, casquivana por más señas, con poca educación formal, que por razones de tener una libido exacerbada, y/o por sus afán de disfrutar de la vida y de sobresalir, y/o por tener una baja autoestima disimulada, y/o por no disponer de recursos económicos, y/o por no querer trabajar, y/o por no gustarle estudiar y capacitarse, etc., se dedica a una vida licenciosa y caótica.
En sus casa suelen ser descuidadas, y tienden a levantarse tarde, porque también se acuestan tarde.
Lo típico es que la chica-avión se haya criado en un barrio populoso, con muchas precariedades e incertidumbres, con lo cual queda traumatizada y marcada para toda su vida. En ese entorno aprende el arte del chisme, y de insultar para eliminar la competencia y con el fin de defenderse.
Para lograr sus objetivos, ella se viste de forma llamativa con uñas postizas largas y con muchos adornos “fatales”, del tipo punk; le gustan los anillos, los adornos corporales, incluyendo los tatuajes y los piercings en la lengua, en las orejas, en el ombligo, en el clítoris, etc.; y las llamadas “extensiones” de cabello. Si no tiene dinero para el tinte del pelo acude a colorantes caseros o improvisados. Le encantan los perfumes de olores exagerados y de mal gusto.
Usa poca ropa interior, o muy provocativa como los “cola-less”, lo mismo que le gusta mostrar el ombligo, y hacer alardes con sus pechos con sus escotes provocativos, principalmente cuando tiene mucha “pechonalidad”, siguiendo el criterio de que “lo que no se exhibe no se vende”. Los pantalones siempre los prefiere muy ajustados, sean jeans o de otro tipo.
Si tiene poca ropa, no le molesta pedirla prestada a sus familiares, o las pocas amigas íntimas llamadas “compinches”. También hacen intercambios de vestimentas. Algunas llegan a usar ropa de esa que llegan al país en “pacas”, donadas desde el extranjero, y que se venden, por arte de magia, a bajos precios, en las calles y avenidas más populosas.
Tiene varios “novios”, o “mari-novios”, (así llamados porque son prácticamente sus maridos), también conocidos como “amigos”, y pocas veces identificados como “amantes”; y si tiene suerte y habilidad, cuenta con un extranjero o un dominicano-ausente, que le manda divisas para tenerla “asegurada” cuando regrese el próximo verano, o que le ha prometido casarse o llevársela para los EEUU, o para Europa. Por otro lado están los “agarres”, que son los sujetos de confianza a quienes ella acude cuando está aburrida, o quiere darle celos a alguien, etc. Con frecuencia se asocia con gays, para tener compañía para el chisme, y para enterarse de todo lo que sucede.
La combinación ideal para ella consiste en conseguir dinero de los hombres casados, de los viejos con dinero, o extranjeros solos, y disfrutarlo con los “tígueres”, y sobre todo con sus “chulos” o favoritos.
Esta joven es una experta en las artes de la supervivencia, de la simulación y de la apariencia. A todos los que le interesa les da sexo, o les promete y luego no cumple, a todos les saca beneficios y de ellos recibe placer o algún tipo de ventaja. Es muy audaz, e intenta sobrevivir, disfrutar, y conseguir “regalos”, incluyendo dinero, de sus relacionados. Si fue violada cuando era una jovencita por un familiar o amigo de la familia, tal como ocurre frecuentemente; entonces, no es raro que tenga algún resentimiento escondido o latente.
Conoce al menos de nombre, casi todas las discotecas de la capital, en especial las de su sector, y le encanta la popularidad barrial, y no es raro que tenga algunas cicatrices en su cuerpo, provocadas por los pleitos y altercados en los lugares que frecuenta, más las marcas de sus años infantiles. Cuando son muy inestables emocionalmente, y conflictivas, resultan muy problemáticas. Otro lugar preferido son los “colmadones” de barrio.
Después del fiestón prefiere comer “frituras”, “picapollos” o “chimichurris” (tipo de hamburguesa dominicana) con “wasacaca” (una especie de salsa), de esos que se venden hasta altas horas de la noche.
Le encantan las bachatas, el reguetón, “el perreo”, la salsa, el nuevo “mambo”, y todos los ritmos de moda, llegando a saberse de memoria las letras de las canciones. Culturalmente existe la tendencia a “amargarse” con las letras de algunas canciones”, o sea, cuando se identifican con la canción. Algunas “aviones” son adictas a las telenovelas, y otras a los juegos como el dominó. Hay “aviones” que nunca dejan de apostar en la “loto”, por si acaso.
No es raro verla en la cola de una moto, o fumando y bebiendo con amigos en la calle. Por esa inclinación hacia el alcohol, las llaman las “come-vidrios”, en alusión a la botella. Es raro verla en un vehículo todo-terreno de lujo, conocidos como “yipetas”, entre nosotros.
Ella también le da uso al celular, pero para recibir y contar chismes; y además, este artefacto es muy importante para la joven, ya que le sirve para ubicar a los hombres que le interesan. De esa manera, ella mientras tanto, se puede ir con uno de sus tantos novios o amigos a otro lugar, y no será atrapada “in fraganti”. La chica- avión no sabe lo que es la fidelidad, y le gusta vivir la vida al momento, sin pensar en el mañana. Incluso, en la misma discoteca, se compromete con varios, y les ofrece lo que no les va a dar; mientras tanto, se eleva su autoestima a costa de los hombres.
Si ella baila en un club, puede exhibirse mejor, y conseguir más clientes y propinas. Algunas llegan a ser bisexuales, menos por gusto que por necesidad.
Hay pariguayos que creen realmente que tienen una “novia”, o que conquistaron o se “levantaron” una “jeva”, y no se percatan de que son “instrumentos” utilizables, y luego, desechables.
A la chica-avión le gusta comer chicle,- como a las prostitutas profesionales que practican la felación -, con lo cual se calma el estrés y le “da buen aliento”. Este es un ardid que favorece la promiscuidad, y le disimula el olor de las bebidas alcohólicas, del cigarrillo y de las drogas, y otras cosas más.
Otro detalle curioso son los motes, apodos y apelativos, conque son conocidas: “la Beba”, “la Mamota”, “la Dura”, “la Tremenda”, “la Sombrilla” (porque se abre en todos los sitios), “la Batidora”, “la China”, “Onatrate”, (en alusión al servicio público de autobuses)..., que vienen a ser como sus “nombres de batalla” para divertirse y gozar al máximo. Muchas veces, nadie sabe su verdadero nombre, y ella misma no lo dice.
Pero comoquiera, su ninfomanía verdadera, o aparente, sale a relucir, siempre dispuestas para la juerga, conocida también en otras latitudes como un bonche, y entre nosotros como un “can”.
Como secuela de su vida licenciosa, de provocación y de libertinaje que llevan, no es raro que salgan embarazadas, y como el bebé es un estorbo, lo típico es que lo desatiendan, o buscan a alguien que lo cuide, como una tía, o su misma madre. Y así se reproduce el ciclo del cual ella es una secuela. Otro problema diferente, es saber quién es el padre de la criatura, porque en la orgía ella no se fijaba con quién lo hacía. Eso ocurre precisamente cuando se “practica el sexo como quien come”, y cuando se tiene poca educación sexual.
Cuando empieza a madurar y a resentirse de la competencia de las más jóvenes, siempre está en trámites para emigrar, o bien, se conquista un extranjero de esos que hombres maduros que vienen aquí en busca del “amor”, - o por lo menos, alguien que les haga compañía -, que no consiguen en sus lugares de origen. De esa manera se le puede facilitar el viajar, o por lo menos tiene alguien que la mantenga, y no le pregunta por lo que hizo, en sus años juveniles.
Así nos despedimos de la chica-avión deseándole suerte en su nueva vida en el extranjero; o si se queda aquí que diga como una que yo conozco, a la pregunté si se había casado ya, con el novio con quien yo la vi, me contestó rápidamente: “Oh, y qué hago yo con los otros tres”.

domingo, febrero 18, 2007


PUESTA DE SOL EN EL ÁREA DEL BOSQUE HÚMEDO DEL JARDÍN BOTÁNICO DE SANTO DOMINGO (foto: FAUSTINO PÉREZ)
EL LENGUAJE DE LAS MANOS Y EL LENGUAJE DE LOS ANILLOS DE FAUSTINO PÉREZ


Por FAUSTINO PÉREZ




Las manos han sido históricamente las ejecutoras de todo lo bueno y de todo lo malo que realiza el hombre, desde regalar un caramelo a un niño, hasta lanzar una bomba atómica, accionando una palanca o conectando un dispositivo. Por esos motivos, en una ocasión, yo las llamé las “herramientas” todo-terreno.
En otro orden de ideas, desde la vertiente comunicacional, las manos aportan mucha información a los interlocutores, y en nuestra cultura, compiten con la cara, por ser este un país de gesteros, en contraposición a los pueblos nórdicos donde apenas se gesticula.
Las manos son tan importantes, que incluso, una de las funciones más importantes de los robots, consiste en tener manos articuladas que puedan sujetar o asir cosas. Con la diferencia de que el robot no se enferma, pero sí se avería.
Cuando un bebé nace, unas manos lo reciben al mundo, lo bañan, lo pesan, lo miden, lo visten, lo miman, lo cargan...; y cuando fallece alguien, unas manos cargan el ataúd, cavan la tierra o manejan el tractor, lo entierran, y le colocan las flores, entre otros rituales. Si se creman los restos, también intervienen las manos para poner en marcha el horno crematorio.
Existen dos maneras básicas de sujetar con las manos: el agarre de precisión, como podría ser la manera como el médico usa el bisturí, o el alumno emplea el lápiz; y el agarre de fuerza, que se manifiesta, por ejemplo, al tomar un garrote.
Las manos son partes muy complejas, que van desde la muñeca hasta la punta de los dedos, ya que además de los músculos, tendones y huesos, cuentan con venas, arterias, y nervios. Cada dedo tiene tres falanges, salvo el pulgar que posee dos. Ese dedo es el más importante porque sirve para sujetar, oponiéndolo a cualquiera de los demás dedos. Ese es el motivo por el cual, las compañías aseguradoras otorgan una compensación mayor por ese dedo, en caso de pérdida o lesión. Por otro lado, el pulgar ocupa un área en el cerebro humano, más grande que las de los otros cuatro combinados.
Los dedos de las manos son capaces de “sentir”, o sea, de recibir una impresión táctil, y además experimentan el frío o el calor, y la presión. Igualmente, “sufren”, porque son capaces de tener sensaciones de dolor.
El cuerpo humano con su “envoltura” de piel tiene un sentido muy curioso, llamado el sentido proprioceptor, y consiste, en que si un sujeto cierra los ojos, y alguien le toca cualquier parte de su cuerpo, esa persona sabe exactamente qué fue lo que le tocaron, sin haber visto nada. Este sentido le indica al interesado, dónde están sus partes del cuerpo, en relación con las demás. Por supuesto, que esta particularidad se manifiesta, por igual, en los dedos y en las manos; y por ese motivo la persona conoce también si un dedo está flexionado o no, y sabe precisamente cuál de ellos, sin ver nada.
Un médico (o un experto) es capaz de inferir mucha información útil de las manos de un paciente, por el color, las callosidades, la forma, los temblores si los tuviese, la temperatura, la condición de la piel, los hongos incluyendo los de las uñas, los sudores, las verrugas, las manchas, las cicatrices, y así por el estilo. En nuestra cultura, muchas veces se interpreta una mano sudorosa como la de una persona celosa.
Cuando aparecen una manchitas blancas en las uñas, de las que mucha gente da la explicación en el sentido de que esa persona va a recibir un “regalo”, en nuestra cultura; en realidad, lo que indican es que existe una carencia de cinc, en el organismo del sujeto.
Otra especialidad diferente es la interpretación de la forma cómo la persona le da la mano a otra, lo cual alcanza muchos matices. Entre las más relevantes tenemos: El apretón “rompehuesos” realizado con fuerza, que lo mismo es posible que signifique firmeza, o por lo menos fortaleza física; pero, que también cabe la posibilidad de que sea un mecanismo de compensación debido a una falta de carácter, o bien, un afán desmedido por impresionar e impactar al otro. Además, influye el tamaño de la mano de quien aprieta.
En el otro extremo está el saludo “blando”, es decir, de la gente que da la mano “sin vida”. Es típico de una persona poco expresiva, poco entusiasta, o con desinterés. También, puede indicar debilidad física y/o psíquica; y en peor de los casos, tratarse de alguien que tenga mucha sangre fría y que sea calculadora; inclusive, llegar a significar hasta crueldad y sadismo.
Hay gente que da la mano, y le tuerce la muñeca al otro, lo cual es una clara muestra de sus intenciones, ya que de lo que se trata es de manipular al otro.
Otros en cambio, sólo agarran la punta de los dedos del interlocutor, lo cual tiene muchas variantes. Entre ellas tenemos el saludo diplomático al estilo francés, el apretón del tímido, el del desconfiado, etc. Algunos se hacen los simpáticos de esa manera.
Hay quienes dan la mano empleando ambas, de tal forma que convierten el saludo en una especie de “sandwich”, con la mano del otro en medio; esta modalidad la emplean mucho los que intentan congraciare con el saludado, incluyendo los que pretenden halagar o adular. Otra variación consiste en sujetar el antebrazo del interlocutor con la mano izquierda, en tanto se da la mano derecha. Esta manera implica una forma de persuadir o de convencer, o por lo menos, de hacerle partícipe de sus ideas.
Existen personas que dan la mano con rapidez, es decir, que aprietan y sueltan con mucha velocidad; esto significa premura, urgencia, prisas, y también, se hace para parecer original y de alguna manera impactar.
Por supuesto que si un hombre le rasca palma de la mano a una mujer con su índice, al saludarla, ella por lo menos le soltará rápidamente la de él; y cabe la posibilidad de que se ofenda, o se muestre sorprendida, como mínimo.
Se ha especulado acerca del origen del apretón de manos, en el sentido de que los caballeros daban la mano en la edad media, para hacerle saber al contrincante de que no llevaban ninguna arma. De todas formas, en nuestra cultura, el apretón debe de ser moderado, con la mano completa, y sin intentar doblegarle la mano al saludado, para que parezca sincero.
Las manos sirven para todas las necesidades básicas del ser humano, aparte del saludo: para construir la vivienda, para la confección de su vestimenta, para cocinar, para acariciar durante el sexo, para pasar las páginas de un libro y estudiar, para tomar medicamentos y atender los enfermos...y hasta los vicios dependen de ellas, como el sujetar un vaso con una bebida alcohólica, inyectarse una droga o fumarse un cigarrillo. Son muchos los ejemplos de contrastes.
Las manos sujetan el bastón del anciano o del invidente, pero, de la misma forma enseñan a un bebé a caminar. Los pedigüeños las usan para pedir colocándola en posición cóncava hacia arriba, de forma receptiva, y los padres la colocan en la cabeza de su vástago con la palma hacia abajo, de manera protectora. Los científicos agarran la probeta con las manos, pero los soldados lanzan granadas de mano con ellas.
Lo mismo las emplean quienes hacen obras de caridad, y los hábiles carteristas, también. Se le puede salvar la vida a alguien que se esté ahogando, o bien, sirven para apretar el gatillo del arma homicida. Los trapecistas de un circo se sujetan con ellas del trapecio para no caer con violencia al vacío, y los paracaidistas, se lanzan a ese mismo vacío y se aferran al paracaídas para caer con suavidad.
En la música, sus intérpretes dependen de ellas para lograr los sonidos, lo mismo que los deportistas en sus distintas especialidades; aunque hayan deportes como el fútbol, en que está prohibido su empleo, pero se usan con el fin de mantener el equilibrio o para el saque del balón.
En los bailes de ciertos países las manos son fundamentales, como el flamenco de España, o las danzas de la India o de Tailandia.
En ciertas culturas, como en Marruecos o en la misma India, las mujeres se decoran las manos con henna, que es un colorante de origen vegetal. En occidente, algunas divas del celuloide se han hecho famosas por sus escenas usando guantes, como Marilyn o la Marlene.
Nuestro idioma tiene numerosas frases idiomáticas que hacen referencia de las manos: arriba las manos, a mano armada, de primera mano, hecho a mano, echar una mano, está muy a la mano, mi mano derecha, una mano de plátanos, mano de pintura, pedir la mano, mano de obra, mano de ping-pong, doblar a mano derecha, y así por el estilo.
No nos olvidemos que con las manos se escribe o se teclea, lo cual para algunos ha significado el lograr la trascendencia, o sea, el perdurar en el tiempo y el espacio.
Donde hay más variedad es en la Sagrada Biblia, ya que contiene miles de referencias relacionadas con las manos. Desde Poncio Pilatos quien se lavó las manos, o cuando Moisés golpeó la roca para que saliese agua.
Las manos sirven para descargar el estrés, como cuando los pasajeros aplauden si han tenido un feliz aterrizaje, o se masturban en otro escenario; o bien, haciendo gestos, invitan lo mismo a bailar en una discoteca, que a fornicar. Son sociables cuando se usan para saludar quitándose la gorra, o piadosas al orar. Resultan hacendosas cuando una mujer borda un mantel, maternales en los casos en que le den el biberón a un infante, y halagan al aplaudir a un artista.
Los dedos de las manos tienen su manera de expresar cómo es la persona, por medio de los anillos, asumiendo que lo use dónde le plazca, en lugar de ponérselo dónde le sirva.
Partiendo del simbolismo de los dedos hemos elaborado EL LENGUAJE DE LOS ANILLOS DE FAUSTINO PÉREZ. Es un lenguaje que expresa a grandes rasgos cómo es su personalidad,
es decir, que ese detalle viene a ser como un resumen visual de su idiosincrasia o manera de ser. Ustedes lo podrán comprobar en el trato con la gente. Haciendo la salvedad de que este criterio es independiente de cualquier uso que la persona le pueda y/o quiera dar a sus dedos, con fines prácticos.La moda actual de ponerse un anillo en cada dedo la impuso Ringo Starr, del conjunto musical The Beatles, en la década de los años 60. El tocaba la batería, y con ese detalle, destacaba el movimiento de sus manos al tocar. Esto no implica que en otras épocas no se hiciera eso de ponerse muchos anillos.
Quienes usan anillos en todos los dedos, no quieren vincularse sentimentalmente de forma permanente con nadie. Es decir, que les gusta el flirteo, o el cambiar de pareja constantemente.
Tanto la cara, así como también las manos, que son las partes del cuerpo que ahora nos conciernen, están sometidas a los llamados impulsos cruzados del cuerpo. Esto significa que el hemisferio cerebral izquierdo controla el lado derecho del cuerpo, y viceversa, el hemisferio del cerebro que está a la derecha, rige el costado izquierdo. Sin embargo, en cada hemisferio cerebral tenemos zonas especializadas, para las distintas capacidades. Por esas razones, el lado derecho del cuerpo, se considera como el lado de la razón, el cálculo, el lenguaje y la premeditación, etc., y está regido por el lado izquierdo del cerebro. En cambio, el opuesto, controlado por el hemisferio cerebral derecho, es el lado de la intuición, de las corazonadas, de la imaginación, de los sentimientos, etc.
Hechas estas aclaraciones, aplicables a cada mano, tenemos que el dedo pulgar es el “dedo-juez”. En la época de los romanos, se hacía una señal con el pulgar hacia arriba o hacia abajo, para decidir la suerte de los gladiadores en el coliseo. Modernamente, los pilotos de aviones de caza, lo emplean para indicar que todo está correcto. Este dedo es el preferido para tomar las huellas digitales, por ser el más importante como se dijo, y así por el estilo. Si el hombre o la mujer se pone el anillo en ese dedo, significa que desea reafirmar su personalidad, o sea, que lo hace para recalcar su ego. Ciertas universitarias han puesto de moda el añillo en el pulgar, e inclusive, esa práctica ha sido adoptada por las lesbianas y por los gays, quienes también quieren reafirmarse, por lo visto, en sus preferencias sexuales. No es extraño que surja esa moda entre las universitarias, quienes se dan perfectamente cuenta, de que cada día adquieren una mayor cuota de poder social, porque los varones dominicanos cada vez estudian menos. Eso implica que el machismo tiene sus días contados, o a lo mejor quién sabe, todo está por verse.
El dedo índice probablemente sea el origen de la señal de la flecha; y en otro orden de ideas, ya lo emplean los infantes para señalar, sin previo aprendizaje. Es el dedo que indica, señala, y acusa. Cuando el anillo está en ese dedo, se trata de una persona dominante, que quiere imponerse, de forma intuitiva, si es en la mano izquierda; o de manera calculada, si se trata de la mano derecha, como ya dijimos.
En cambio, el anillo en el dedo mayor, al ser el dedo del equilibrio por estar a mitad de camino de los demás dedos, expresa que se trata de una personalidad que busca su equilibrio emocional, es decir, un balance en su estado anímico.
El dedo anular, por su parte, es el dedo del vínculo, es el que se considera como normal y perteneciente al anillo, y de ahí su nombre; ya que en ese se coloca el anillo del compromiso matrimonial, de la boda, de la graduación, etc. Las mujeres se sienten muy identificadas con sus vinculaciones, y por eso no es de extrañar que se utilice el dedo anular de la mano izquierda, que es el lado de los sentimientos. Los hombres también lo usan en este dedo para esos mismos fines.
El meñique, por su lado, es el más pequeño de los dedos, y viene a ser el consentido entre todos y el “niño” mimado. Por esas razones el anillo en el meñique implica una personalidad caprichosa, y quizá veleidosa, que se antoja de cualquier cosa y le gusta que lo/la complazcan. Por otro lado, implica independencia, o el estar acostumbrado a hacer lo que le da la real gana.
Quizá, las manos alcanzan un simbolismo máximo y sublime en la Capilla Sixtina del Museo del Vaticano, en la escena del mural del techo, en la que Dios casi toca el dedo de Adán, con el índice de la mano derecha. Esta imagen ha sido reproducida incontables veces, e inclusive, aprovechada por la publicidad. El genial Miguel Angel no se equivocó.

sábado, febrero 10, 2007


MARISMA ARTIFICIAL DEL PARQUE UENO, PARA ATRAER AVES ACUÁTICAS MIGRATORIAS (foto: FAUSTINO PÉREZ)
IMPRESIONES DE UNA VISITA A LA CIUDAD DE TOKYO (y 3ra. PARTE)


Por FAUSTINO PÉREZ


Los japoneses sienten y tienen una relación muy especial con el agua y con las piedras, aparte de su amor por los peces, las aves, y las flores como el crisantemo. Al lado del templo budista Kannon, que visitábamos, tienen el correspondiente jardín, pero no me gustó, por tener el colorido muy apagado y gris.
Luego fuimos hacia los autobuses, nos pasearon por Nakamise , un sector con mucho movimiento comercial, de ahí cruzamos por Kappabashi, donde están los principales proveedores de efectos para restaurantes, y pasamos, además, cerca del Parque Ueno. Cuando llegamos al hotel ya era de noche.
De ahí fuimos a cenar comida rápida americana en la Chuo-Dori, y regresamos al hotel ya cansados. Al día siguiente, salimos después de la hora pico, hacia el Parque Ueno, al Museo Nacional de Ciencias, donde vimos una proyección en 3-D con gafas polarizadas acerca de las momias de Egipto. Esta proyección se realiza con seis proyectores y proviene del Museo Británico. Aquello era impresionante, porque las momias se veían en el aire justo al frente de nosotros. Este sistema de proyección ha mejorado sustancialmente, ya que antes las gafas tenían dos colores: el rojo y el verde; y ahora son polarizadas. Los efectos son muy similares a los que se logran por el sistema I-max, en 3-D, con gafas también.
Este museo es de tamaño modesto pero con una museografía fabulosa y muy moderna, con todos los adelantos de la tecnología. Incluso cuenta con una sala para que los niños hagan experimentos de física. Tiene una planta dedicada a los vertebrados y otra a la vida marina. También tenían una exposición dedicada a los adelantos tecnológicos, con un robot dotado de una capacidad de movimientos increíble. Es un museo excelentemente montado.
De ahí intentamos visitar otros dos museos: El Museo Nacional de Tokyo, y El Museo Nacional de Arte Occidental, de los varios que están en el parque, también; pero estaban cerrados por razones de mantenimiento. Ante el fracaso decidimos caminar por el parque que tiene menos de kilómetro y medio de ancho, y pasamos frente al zoológico, pero no entramos. Cerca de un un templo budista que se encuentra dentro del perímetro del parque, nos dirigió la palabra un japonés que hablaba buen inglés. Al final resultó que era poeta y escritor, y quería que le comprara unos haikus o poemas breves japoneses. ¡Imagínese nosotros que venimos de un país donde sobran poetas! Y sucedió lo que estaba previsto en el guión, que no le compré nada.
Vimos otro personaje de los llamados indigentes o inadaptados sociales, o sea, de los “pobres por elección”, que estaba tomando el sol. Parecía sacado de la película El Imperio de los Sentidos del gran director de cine japonés Nagisa Oshima, le tomé una foto, y me miró como aquel que hace un favor.
En otro lugar había un grupo de pobres, detrás de un furgón. Yo supongo que estarían recibiendo ayuda. No muy lejos contemplamos un cartel de alguien buscado por la policía. Era una especie de retrato-hablado con su cara, por supuesto, y un texto. En Tokyo se ven muy pocos agentes del cuerpo policial; y cuando aparecen, cualquiera podría confundirlos con estudiantes universitarios bonachones, si no fuera por el uniforme.
Pero la gran sorpresa del parque sería otra cosa. Yo había leído en el plano que ponía “pond”, en inglés, y lo traduje por “estanque”, o “lago artificial”. Pero mi asombro fue mayúsculo cuando llegamos a una marisma artificial llena de yerbas altas, para atraer las aves acuáticas migratorias. Ahí habían miles de patos de varias especies, gansos, gaviotas, etcétera; más todas las demás que se añaden en la orilla, como las palomas, los gorriones y los cuervos. Ya habíamos observado en un recodo apartado del parque, a una decena de fotógrafos, sentados y de pie, con una temperatura de dos grados centígrados sobre cero, y con teleobjetivos de esos que cuestan ocho mil dólares cada uno, más o menos, esperando pacientemente a que unos pajarillos se posaran o se acercaran a ciertos arbustos. Eso es lo que se llama amor por la naturaleza.
Sin embargo, en otros escenarios los japoneses siguen cazando ballenas inmisericordemente en los mares del mundo, sin atender las razones de los ecologistas, lo cual contrasta con su comportamiento ante las aves. He ahí una contradicción.
Al día siguiente volvimos a Akihabara, y ya entramos directamente del metro a la tienda sin salir a la calle; lo que demuestra un avance, o sea que estábamos mejorando en nuestro sentido de la orientación. Salimos a almorzar al mediodía después de la hora pico, y ocurrió algo insólito por estas latitudes. Como yo me sentía espléndido, se me ocurrió dejar una buena propina, en un restaurante de carnes que estaba en el subsuelo, ya que el filete estaba riquísimo; y para mi sorpresa, el camarero vino corriendo detrás de mí para devolverme la propina en los escalones.
De regreso al hotel, y por la noche cena al estilo americano y el clásico paseo por Ginza. Cabe destacar un accidente de tránsito del cual fuimos testigos, porque un conductor estaba dando marcha atrás, para salir de un aparcamiento y chocó contra un poste. Como había un herido, la policía llamó la ambulancia y yo estuve cronometrando a la ambulancia, que tardó ocho minutos en llegar.
Por la mañana después del ajetreo matutino, nos dirijimos a Ikebukuru, a la famosa tienda Bic Camera. Después de dar algunas vueltas por las cercanías, entramos a una de las sucursales, ya que al menos son tres en ese sector. La Bic tiene ocho plantas repletas de todos los productos que se puedan imaginar, y los extranjeros pueden consumir sin pagar impuestos, desde un reloj rolex clásico por algo más de cuatro mil dólares, hasta calzados de playa de la marca Nike. Aparte de las secciones de bicicletas, relojes de pared, computadoras, equipos de música, cámaras, libros técnicos, programas y otros tipos de software, piezas de ordenador para uno mismo ensamblarlos, y un largo etcétera.
También vimos a un político que estaba hablando en una tarima muy alta, a un lado de la avenida, cerca de las tiendas.
Por la noche fuimos a una librería cercana al hotel a comprar mangas o cómics japoneses. La dependienta me sacó un plano plastificado de la tienda, para indicarme en qué tramos se encontraban, y así pude hallarlos con mucha facilidad. Eso mismo me habían hecho en el aeropuerto cuando pregunté en “Información” por la oficina de turismo, siempre le sacan al cliente o al interesado, un plano.
El lunes decidimos darnos una vuelta por el Palacio Imperial, que se encuentra aproximadamente en el centro del Tokyo central. Como no habían carteles, tuvimos que preguntar, y atravesar varias galerías comerciales subterráneas muy bien decoradas; y al final llegamos al recinto amurallado rodeado de un foso, al mejor estilo medieval, con varios puentes. La anchura del foso varía, pero en algunos lugares tiene como veinte metros, y el muro tiene como diez de alto, y según dicen, como cinco de ancho. En el agua vimos las típicas carpas de colores, en un agua verdosa por la clorofila, y también pudimos divisar un cisne. En ese recinto, el emperador puede pasearse con su consorte y no se ven desde la acera, ya que la muralla es más alta que una persona, y desde la calle sólo se divisan los techos, y algo más, de las edificaciones al estilo japonés. Es decir, que en todo ese espacio privilegiado de 250 acres únicamente viven dos personas permanentemente.
Claro está, que tiene su seguridad y sus guardianes, principalmente en los puentes, pero esos no habitan ahí. En esa área pueden verse, además, muchos deportistas, incluyendo ejecutivos y funcionarios de los ministerios de los alrededores, trotando o caminando alrededor del Palacio por las aceras. Al seguir avanzando, llegamos a los Jardines del Este, -pasando por el Museo Nacional de Arte Moderno -, que vienen a ser como una prolongación del espacio imperial, pero abiertos al público. Vimos unos carteles de esos que no se ven aquí , donde ponía en japonés y en inglés, que los perros no se podían dejar sueltos, y que los dueños tenían la obligación de recoger los excrementos de sus animales. Yo sencillamente sonreí, pensando en lo que pasaría si colocaran unos avisos como esos en nuestros parques.
Lo que sí estaba avisado era la gran final del campeonato de sumo, del Torneo de Año Nuevo y me interesaba verla por la televisión. Con la asistencia de sus majestades se declaró campeón a Yokozuma Asashoryu, quien resultó casi invicto y recibió una decena de trofeos de gran tamaño. El sumo es un tipo de lucha en la que no existe límite de peso, en la cual se trata de derribar, o de sacar fuera del anillo al contrincante, a base de manotazos, empujones, tirones, zancadillas, etc. Empero, para mí lo más interesante del sumo, son los rituales y la “coreografía” que hacen todos los luchadores antes de los combates, estimulados por los aplausos. Esas “moles” humanas de más de 300 libras (150 kilos) moviéndose es digno de verse.
Naturalmente, que en un campeón convergen la inteligencia y sus reflejos, para poder aprovecharse de una coyuntura determinada; la fuerza bruta, que le sirve con el fin de ser capaz de levantar a su adversario; la agilidad, para evadir y para actuar; y el centro de gravedad, ya que si el luchador es demasiado alto, puede ser derribado con mayor facilidad, comparativamente hablando. El sumo es probablemente el deporte nacional por excelencia.
Es increíble como un pueblo que ama la espiritualidad en la piedras y en la naturaleza, y que va a los jardines a meditar, sea tan amante de un deporte como el sumo. He ahí otra contradicción.
Cambiando los canales del aparato televisivo, me tropecé con un canal pornográfico, y para mi sorpresa, ellos censuran los órganos sexuales de los actores, y lo que hacen es que difuminan los genitales. Yo sabía de la fijación que tienen los japoneses por las colegialas y que se manifiesta en los mangas, pero el llegar a esos extremos demuestra, que con respecto al sexo, los japoneses tienen un problema no resuelto. Lo que no pueden hacer es censurar los miles y miles de páginas pornográficas del Internet.
Otro detalle curioso para mí, es que los locutores de noticias hacen el saludo-reverencia al principio y al final de su intervención. Haciendo el zapping, con el mando a distancia, pude ver ciertos efectos especiales novedosos para mí.
Cuando amaneció, la única preocupación era tener las maletas listas, porque el check out era a las doce del mediodía; y como siempre sucede, la ropa cabía a duras penas. Bajamos a las once y media, repartiendo “arigatós” por todos lados, nos cruzaron gentilmente las maletas al otro lado de la calle para tomar el taxi, y llegamos a la Tokyo Station justo a tiempo para tomar el bus de la una. Esta vez el taxista no se perdió, pero nos cobró más que el otro, porque el de la llegada nos había cobrado la tarifa mínima, ante su perplejidad.
Pasamos por debajo de los numerosos puentes de trenes y autopistas, y antes de llegar al aeropuerto, nos hicieron un chequeo rápido de los pasaportes en el mismo transporte.
Nos bajamos en la última parada, del Aeropuerto Internacional Narita. Por suerte el área de salida es mucho más elegante y confortable que la de llegada. Me dio tiempo de pasear un rato y de llegar hasta un observatorio de vuelos, y de tomar fotos en las dos fuentes-jardines, como de diez metros de ancho cada una. También aproveché para navegar por el Internet un poco, para comprar algo en las tiendas, y para cambiar los yenes que me quedaban, por dólares. En los bancos de cambio tienen unas canastillas para devolver y para recibir el dinero. Todo el menudo que me sobró me lo reembolsaron, no hicieron como en otros países que se quedan con ese sobrante. Cuando fui a tirar un papel me di cuenta de que la basura la dividen en cinco categorías: papel y cartones, plásticos, latas, biodegradables y basura mixta.
Yo estaba deseoso de subir al avión para lo que iba a ser el vuelo más largo de mi vida: más de catorce horas volando en un avión, ya que se tarda más en volver que en ir, a lo que hay que sumarle la hora y pico de espera antes del despegue. Con tanto tiempo metido en un jet, el aparato se convierte en un “laboratorio” de psicología y en una “fábrica” de olores.
En el avión hay gente que se pone nerviosa, otros tienen miedo, o se emborrachan, o bien toman pastillas para dormir. Los que tienen el vicio del cigarrillo, los que tienen incontinencia de orina, o los que vomitan, lo pasan muy mal; pero por suerte la mayoría se comporta bien. No estamos hablando de los casos extremos como los epilépticos, los ataques al corazón, o las mujeres que dan a luz anticipadamente. En los vuelos largos llega un momento en que los pasajeros tienen “barra libre” como en un resort, y de esa manera se levantan a estirar las piernas, y el personal de abordo trabaja menos. También están los niños intranquilos o hiperactivos y los llorones, o chillones.
Por otro lado, los olores provenientes de los mismos pasajeros, de los excusados y de los alimentos, se entremezclan, y se producen estímulos olfativos extraños.
Ya por fin empezamos a divisar las luces sobre Francia, y al aterrizar el piloto por poco pierde el control del aparato, suerte que al final pudo controlarlo. No se sabe si fue por impericia, o por un golpe de viento, o bien, por el cansancio acumulado.
El hecho es que ya estábamos en París, después del susto, y el personal del aeropuerto haciendo galas de la típica grosería francesa, que se nota más cuando uno viene de Japón, nos sometió a otra revisión; no sé para qué, porque ya la habían hecho en Tokyo. En eso, los zapatos míos de suela fina dispararon el detector y me los hicieron quitar, sin embargo, a los bolígrafos que llevaba no les hicieron ni caso. Las revisiones en los aeropuertos varían y sirven más como mecanismo psicológico que efectivo, porque la seguridad absoluta es imposible, e inclusive, indeseable por lo engorrosa que resulta. Además, se han convertido en una manera de reafirmar la soberanía.
En Air France, por ejemplo, la línea aérea de Francia, -en la que volamos -, el país de la lógica cartesiana, revisan a los pasajeros, no permiten que uno lleve ningún efecto u objeto cortante o punzante. Tampoco, se puede cargar pasta de dientes o cualquier sustancia tipo gel o líquida, o peligrosa, etc. Hasta ahí todo va bien. Sin embargo, lo qué ocurre en la práctica, ¡es que ellos mismos les proporcionan a los pasajeros los efectos y objetos peligrosos, con los cuales se puede hacer cualquier cosa! O acaso no se puede agredir a alguien con una botellita de vidrio de vino, o con los cubiertos metálicos de las comidas, o con el cable del auricular, las bolsas de plástico, las cortinas, los cordones de atar los zapatos, los bolígrafos, las latas de bebidas, y el mismísimo pañuelito en el cuello del uniforme de las azafatas. Y estos son sólo algunos de los muchos ejemplos.
A los karatecas y a otros expertos en artes marciales habría que cortarles las manos, y aún así son peligrosos, y además, ¿no hay gente que se traga droga o la introduce en otros orificios del cuerpo? Si a los pasajeros no los revisan por rayos x, ¿quién impide lo que puedan transportar en su propio cuerpo?
Luego pasamos en autobús a otra terminal y ahí me entretuve observando a los pasajeros en lo que llegaba la hora, sentado cómodamente en un sillón reclinable. Allí estaba la típica chica internética que no puede ver una máquina de Internet sin querer introducirle una moneda; el anciano que se inventó un tipo de gimnasia y se pasó más de una hora en eso. El rabino judío quien “convirtió” una pared, en una sucursal del Muro de las Lamentaciones de Jerusalén; y el grupo de mozalbetes de Indonesia que se echaron agua en la cabeza y se lavaron las caras en el lavamanos del W.C., y dejaron un inmenso charco...
Llegó la hora de abordar, y después de ocho horas y media llegamos sanos y salvos, y como veníamos de París, no nos revisaron las maletas. Esta línea aérea, no tiene azafatas de origen dominicano, en los vuelos Santo Domingo-París, ni tampoco hablan español; en cambio, en los vuelos París-Tokyo casi la mitad de las aeromozas era de origen japonés, y se habla ese idioma conjuntamente con el francés.
Después de un viaje como este comprendo mejor a aquellas familias de japoneses, que fueron engañadas en la década de los años 50 del siglo pasado, a quienes les prometieron tierras fértiles en la República Dominicana, y lo que recibieron fueron tierras, pero cercanas al mar, y no aptas para el cultivo por su salinidad. Ahora ellos esperan su compensación del gobierno japonés.
Como se sabe, cada pueblo tiene su idiosincrasia y eso hay que respetarlo; de todas maneras, el comprender a los japoneses es muy sencillo para un dominicano, ya que únicamente hay que invertir todo lo que ocurre aquí. Si allá viven en el orden, aquí tenemos el caos; si allá se practica la honradez, aquí quieren engañar al prójimo; si allá aman la limpieza, aquí disfrutamos con la basura; si allá tienen silencio, aquí soportamos todos los ruidos; si allá se potencia la inteligencia, aquí lo queremos resolver todo con el sexo y el disfrute de la vida; si allá gozan de una coherencia como nación, aquí nos estamos desintegrando; si allá procuran hacer las cosas bien hechas, aquí hemos convertido la chapuza en una norma...
Yo comprendo que si existe un Yin también tiene que existir un Yang. El consuelo que me queda es que yo espero que si ellos vienen aquí, a lo mejor este caos les sirva como terapia, tal como me ocurrió a mí al ir allá.
Lo malo de toda esta ecuación, es que a nosotros nos ha tocado ser el Yang, y ese Yang, precisamente, cada día está peor.
Ir al Japón significa recibir una lección práctica de cómo deben de ser las cosas en una nación organizada y civilizada.

viernes, febrero 02, 2007


FAUSTINO PÉREZ EN LA SALA DE ESPERA DEL AEROPUERTO NARITA DE TOKYO (foto: A. G.)
IMPRESIONES DE UNA VISITA A LA CIUDAD DE TOKYO (2da. PARTE)

Por FAUSTINO PÉREZ

A pesar de los grandes inventos del hombre, el viajar a las antípodas siempre ha sido tedioso, claro está, muchísimo más antes que ahora. Basta con imaginarse las peripecias de un Marco Polo, o de otros muchos viajantes. Mentalmente uno tiene que adaptarse a las diferentes culturas, ya que por ejemplo, nosotros pasamos del área donde se dan las "gracias", -aunque no siempre -, a otro ámbito en el que se dice "merci"; hasta llegar al territorio del "arigató"; todo ello en muy poco tiempo, si lo comparamos con la época de Marco Polo.
En la recepción del hotel, lo primero que me dijeron amablemente era que tenía que pagar la reserva, lo cual no fue ningún problema. Una vez en la habitación de la séptima planta, puse el termostato en 20 grados centígrados, y encontramos jabón líquido, champú, cepillos de dientes con su pasta, batas de estar tipo kimono, sandalias, peines, unas almohadas muy cómodas, gorros plásticos de baño, aparatos desechables de afeitar, etcétera, aparte de las comodidades típicas como la TV por cable, un frigorífico de esos que tienen los ejecutivos, y un retrete no tan típico, programable, pero que al tener las instrucciones en japonés, no toqué.
Empero, lo que a uno le apetecía realmente era dormir y dormir, a pesar de llevar dos días sin ducharme, y sin cepillarme los dientes por las restricciones en los aeropuertos. En cambio, sí pude afeitarme de mala manera en la estrechez del avión. Y ocurrió algo que no estaba previsto, y es que no podía conciliar el sueño, y no sabía el motivo, hasta que descubrí que se debía al silencio del hotel. Uno no toma conciencia de los niveles de ruido que padecemos en Santo Domingo, hasta que se llega a un país como ese.
Pero el cansancio se impuso, y al final pude dormir como diez horas mal dormidas, porque debido a las trece horas de diferencia, cuando al cuerpo le toca dormir allá por la oscuridad, aquí está uno en actividad y es de día, y viceversa. Por la mañana, no tan temprano porque en el invierno el sol sale un poco tarde, empecé a escuchar unos sonidos secos y ásperos: "arc, arc, arc", provenientes de un tipo de cuervo japonés. Son aves bastante grandes de color negro brillante con destellos verdosos, y con el pico robusto, son las verdaderas reinas de Tokyo, porque aparecen por todos lados, siempre con su canto.
Una vez repuestos, salimos a la calle a las nueve de la mañana dispuestos a "conquistar" Tokyo, pero antes le pregunté al encargado de recepción del hotel, hacia dónde estaba la parada del metro o tren subterráneo, y él amablemente nos señaló la dirección más cercana.
En la acera nos dimos cuenta de que están divididas, es decir, la mitad más o menos para los ciclistas y la otra parte para los peatones; lo que ocurre es que en la práctica no se respetan los espacios y los ciclistas pasan por cualquier lado, en sus bicicletas clásicas. Suerte que no son muchos y andan a velocidades prudentes, salvo excepciones.
Sin embargo, después de caminar unos cinco minutos, no contábamos con que se trataba de una estación del metro con salidas hacia una estación ferroviaria y a una hora pico. Solamente el hecho de ver centenares de pasajeros corriendo y caminando apresurados en todas las direcciones, eso ya de por sí turba a cualquiera; si a eso le añadimos que los billetes se compran en máquinas que están en japonés, que el importe varía según la distancia, que sólo el nombre de la estación está en inglés, y que las salidas están identificadas por números y por indicaciones en japonés, eso complicaba aún más el paseo. Estamos hablando de una estación con más de cincuenta salidas, y hasta los mismísimos japoneses se pierden y se confunden. Cualquier error en la salida puede significar salir doscientos o trescientos metros más allá de dónde uno quiere ir, o quién sabe dónde.
Por otro lado, los andenes están numerados también, y los nombres de las paradas finales de cada línea están en japonés. Francamente no estábamos preparados para ese maremágnum, a pesar de que yo había montado en otros metros de ciudades grandes como París, Londres, Ciudad de México, Sao Paulo, New York, Buenos Aires, Madrid, Roma, Caracas, Lisboa, etcétera. De nada me valieron las experiencias previas.
Y sucedió lo que tenía que suceder, que tomamos el tren en dirección equivocada. Suerte que con la confusión ya se había reducido el tráfico de pasajeros, y los empujadores profesionales enguantados, ya habían hecho su trabajo en los andenes para que las puertas puedan cerrar. Entonces, al darme cuenta del error tuvimos que salir y abonar el importe del trayecto de nuevo.
Después de esa aventura, nos desmotamos en la estación de Akihabara en la llamada Ciudad Eléctrica, como teníamos previsto; y estaba lloviznando, tal como se había pronosticado, porque se me había dañado la cámara y necesitaba urgentemente comprar una. Al mirar los edificios, noté que se trataba de oficinas y de comercios, porque en Tokyo es fácil distinguir los multifamiliares, ya que siempre tienen ropa tendida en los balcones y sus correspondientes parábolas pequeñas de TV; pero no encontraba lo que buscaba, porque los nombres de las calles están casi siempre en japonés.
En eso vi una oficinista que estaba trabajando sola en un negocio y le pregunte por la tienda Yodobashi Camera; y ella muy gentilmente, dejó abandonada la oficina y nos llevó hasta la esquina lloviznando, y nos indicó dónde estaba la tienda. Ese gesto es inconcebible por estas latitudes. Y así después de decirle "arigató" no sé cuantas veces, entramos a uno de los tantos paraísos del consumo de electrodomésticos de la capital nipona. Ocho plantas grandes llenas de todo lo bueno en aparatos y de última generación que uno pueda imaginarse.
Aparte de la planta de las computadoras, tenían otra para aparatos de música, y espacios para televisores, pantallas, celulares, cámaras, relojes, aparatos de hacer gimnasia y de masajes, libros técnicos, programas de computadora, lápices de memoria, mochilas, i-pods, entre otros muchos productos.
Intenté comprar varios efectos con la tarjeta de crédito, pero ellos tienen por norma llamar por teléfono al banco emisor, y como era mediodía allá, aquí era casi medianoche, y no respondían. Entonces, saqué de la cartera otra tarjeta de débito prepagada, y así pude comprar lo que quería, incluyendo la cámara. Al tener que cargarle la batería al bártulo fotográfico, me dijeron que volviera en una hora.
Ese tiempo lo aprovechamos para ir a almorzar en las cercanías, una comida típica japonesa, pero como no sabían inglés, tuvimos que emplear el método de señalar con el dedo el plato en un muestrario de fotos del menú, y nos entendieron perfectamente. En realidad yo no sabía lo que estaba comiendo, ya que allá se consumen pescados que aquí no se conocen, y además, ellos tienen ciertos vegetales que no se cultivan en este país, todo mezclado con algas y arroz pastoso. Aunque desconocía lo que estaba consumiendo, el plato estaba riquísimo. Nos cobraron como mil doscientos yenes por cabeza, por ese manjar afrodisíaco.
Luego regresamos a la tienda a recoger la máquina fotográfica, y para mi deleite encontré un ordenador aislado que estaba conectado el Internet, no sé si por cable o por wi-fi; el hecho es que empecé a leer periódicos en la pantalla, a enviar mensajes, y a enterarme de los centenares de e-mails que tenía acumulados en mis correos. A pesar de tener el teclado en japonés, se podía convertir en teclado occidental, aunque a veces se me escapaba algún que otro signo oriental.
Regresamos a descansar al hotel antes de la hora pico de la tarde, y por la noche salimos a conocer el famoso Ginza Wako, guiándonos por los avisos publicitarios y por los edificios, porque las calles tienen los nombres en japonés, como ya dijimos. A tres manzanas del hotel está el "showroom" de la Sony, donde estuvimos viendo las novedades de esa marca. Ya la ciudad había tomado color con las luces, -dejando atrás los tonos grises que se aprecian durante el día -, provenientes de los letreros lumínicos, las pantallas gigantes y los anuncios publicitarios. Tokyo es una de las grandes mecas mundiales del consumismo, donde se vive una auténtica euforia.
En las bellas avenidas se apreciaba la meticulosidad, pulcritud y gran amor por la limpieza que tienen los japoneses. Tampoco se escuchan señales acústicas de los automóviles y muy pocas sirenas. Pasamos por muchas tiendas, algunas de reconocidas marcas a nivel internacional, como Ferragano, Dior, Gucci, Calvin Klein, Cartier, Tiffany, Chanel, Mikimoto, Louis Vuitton…todas de prestigio, hasta llegar al Wako, que es un reloj público con un carillón, ubicado en un edificio en el cruce de las calles Chuo-Dori y Harumi-Dori.
La verdad es que lo que ellos llaman "calles", no son tales, ya que se trata de bellas y dinámicas avenidas; e incluso, la Harumi tiene el asfalto coloreado de un tono verdoso, lo cual la hace más elegante; es más, son vías que tienen hasta un poco de brillo en el pavimento. En otros distritos pude ver avenidas coloreadas de rojo y las menos de un tono blanquecino. Con tantas luces y en esas rutas citadinas tan espectaculares, se pasean los vehículos de lujo, siempre muy brillantes, reflejando la iluminación; entremezclados con otros medios de transporte más modestos.
El Wako sería el equivalente al reloj de la Puerta del Sol de Madrid, pero con mucha menos prestancia y de tamaño más reducido que el Big Ben de Londres. Todo ello en un entorno de luces como en Times Square de New York, pero con un público selecto, en lugar de ese ambiente chabacano y vulgar de la ciudad estadounidense.
En Tokyo es muy raro ver a gente gorda o barrigona en las calles, o en la tele, salvo los luchadores de sumo que son una casta aparte. Las tokyotas yuppies son mujeres menudas, muy inteligentes, independientes, ambiciosas, egocéntricas como el país, y nerviosas, hasta tal punto, que dan la sensación de que están al "borde de un ataque de nervios", en el buen sentido de la frase, y con reflejos tan rápidos que parecen "eléctricas". Las más "in" prefieren sobre todo la ropa de marca, o que aparente serlo, y usan pocos adornos en las orejas en forma de pendientes. Algunas de ellas, principalmente las dependientas de los grandes almacenes de lujo, cuando se maquillan, parecen muñecas de porcelana. De la misma forma, es muy poco frecuente escuchar gente hablando en voz alta.
La moda típica invernal ahora son las faldas-pantalón con zapatos de tacones, con el abrigo largo encima; y las mayores que son tradicionalistas, usan el clásico kimono. Nosotros vimos unas señoras ataviadas con kimonos y abrigos de visón, en la Chuo –Dori. Los ejecutivos cuando van a trabajar suelen usar ropa oscura, y los fines de semana se ponen una vestimenta más casual.
Sin embargo, lo que más choca y sorprende en Tokyo, es el tratamiento que se les da a los pobres, porque en esa ciudad hay gente que "elige" ser indigente; es decir, para aclararme, que existen personas que deciden vivir sin trabajar, y esos son los pobres de la urbe. Claro está que hasta ellos están organizados, y constituyen un "atractivo" turístico, o si se prefiere algo curioso o novedoso. Incluso los mencionan en algunos folletos turísticos, y los guías de turismo hablan de ellos. Para una persona proveniente del subdesarrollo como yo, ese criterio es harto interesante, porque los pobres de nuestros países normalmente no tienen oportunidades, y si encima tienen la mentalidad de vagos, entonces son doblemente pobres, y con pocas esperanzas. Cuando yo estudiaba Ciencias Económicas en la Universidad Complutense de Madrid, no se decían esas cosas de "pobres por elección personal".
Al día siguiente el turno era para el city-tour, para tomarle el "feeling" a la gran ciudad, porque ya tenía cámara disponible. A la una y treinta y cinco nos pasaron a recoger y nos llevaron en primer lugar a la Galería de Perlas Tasaki, donde nos hicieron una demostración de cómo se cultivan las perlas artificiales con el procedimiento desarrollado por Mikimoto. Básicamente la madreperla reacciona ante el cuerpo extraño que se le introduce, y esa reacción es la que produce las capas que forman la perla. Luego después de tres años de espera se obtiene el resultado. De la perla obtenida se valora la forma, el tamaño, el color, y el brillo, entre otras variables.
El autobús nos pasó frente al Palacio Imperial, rodeado de su foso, y también al lado de la Tokyo Tower, la cual fue diseñada siguiendo la estructura de la Tour Eiffel de París, pero más liviana porque pesa casi la mitad, y es un poco más alta.
De ahí le tocaba el turno al crucero de media hora por el Río Sumida, en uno de los tantos ferries que lo surcan, a partir del embarcadero de Hinode. Ese río está lleno de patos, gansos, gaviotas, y otras aves acuáticas, y sus aguas están desprovistas de contaminación. Ante esa realidad el Río Ozama de Santo Domingo me dio pena y vergüenza, por haber sido convertido en una inmensa cloaca llena de toda clase de desperdicios y de aguas contaminadas, ante la mirada indiferente de las autoridades.
Pasamos por debajo de trece puentes de río, es decir, un poco más altos que el ferry, todos distintos y cada uno con su nombre e historia. En algunos lugares de las orillas se podían contemplar los conocidos hábitats de los pobres de Tokyo, forrados con una lona azul. Todo muy ordenado, y limpio.
Desembarcamos en Asakusa, y nos dirigimos al famoso Templo Budista Kannon. La entrada del templo tiene negocios a ambos lados, donde venden todo tipo de artículos, souvenirs, dulces, comidas, etcétera, y está adornada con una decoración típica japonesa. Yo vi un vendedor que tenía revistas subiditas de tono, con imágenes que eran impropias para un recinto como ese.
Una vez se llega al templo, se practican varios rituales por los millones de visitantes que acuden a él, siendo el primero de ellos con el incienso. La gente creyente desvía el humo con movimientos de las manos hacia la parte del cuerpo que quiere sanar. A continuación está el ritual con el agua de una fuente decorada. También se lanzan monedas a una especie de pozo al cual no se le ve el fondo; y hay practicantes que hace peticiones en forma de papelillos doblados que atan a un cordel ad hoc, además, otros cuelgan una tablilas con frases muy bien dibujadas.
Al intentar llegar hasta el recinto más sagrado, me aproximé a una ventanilla a pagar la entrada y despojarme del calzado; pero me dijeron que no podía entrar, porque no era budista. Bueno, parece ser que me equivoqué en esta reencarnación...

domingo, enero 28, 2007


EL AUTOR DELANTE DEL FOSO DEL PALACIO IMPERIAL DE TOKYO (foto A.G.)

VISTA DESDE EL FERRY DEL RÍO SUMIDA EN TOKYO(foto: FAUSTINO PÉREZ)

viernes, enero 26, 2007

IMPRESIONES DE UNA VISITA A LA CIUDAD DE TOKYO (1ra. PARTE)


Por FAUSTINO PÉREZ


Viajar de Santo Domingo a Tokyo equivale a trasladarse a otra dimensión en el tiempo, en el espacio y en la cultura, porque si existe un país en el mundo totalmente opuesto al nuestro, ese país es precisamente Japón. El Imperio del Sol Naciente, es uno de los escasos países privilegiados del mundo, que ha logrado entrar al s. XXI, respetando y mimando sus tradiciones. Todo ello gracias a la disciplina, a la educación, al amor al trabajo y a un altísimo sentido del honor.
Aparte de estar al otro lado del globo terráqueo, o nosotros con respecto a ellos, con trece horas más que en Santo Domingo, lo que implica que si aquí son las siete de la noche, allá son las ocho de la mañana del día siguiente. Además, es una nación compuesta por más de tres mil islas, y aunque en la República Dominicana tenemos algunas, no es comparable. En cuanto a las dimensiones físicas, Japón es casi ocho veces más grande, con una población catorce veces mayor. Sin embargo, en lo relativo a las reservas monetarias y en oro, ahí sí es verdad que nos quedamos cortos, puesto que son más de cuatrocientas cincuenta veces superiores. Ese dato ya de por sí nos da una idea de las diferencias que existen, porque estamos hablando de la segunda economía mundial.
La pregunta que siempre se han hecho los economistas es: ¿cómo es posible que un país, relativamente pequeño, en comparación con los gigantes del mundo, como Canadá, Rusia, Estados Unidos, Australia, Brasil, China, India, Argentina, etc., tenga una economía tan extraordinaria?, encima de ser una nación con un terreno montañoso. Los japoneses, al ser uno de los perdedores de la guerra en 1945, iniciaron su recuperación promoviendo una agresiva política oficial de desarrollo industrial, en especial de la alta tecnología, acompañada de un sistema educativo muy exigente, y todo eso con un impulso tremendo a las exportaciones, y unos gastos muy bajos en defensa.
Toda esa política dio como resultados que Japón sea hoy una auténtica potencia mundial, líder en la innovación tecnológica, y que el analfabetismo sea prácticamente nulo; totalmente contrario a la República Dominicana, donde somos importadores de todos los productos de alta tecnología, y el analfabetismo es tan elevado que da vergüenza decirlo. Ese país asiático es el responsable del 15% de las capturas de peces en los mares del mundo, muy diferente a nosotros, que a pesar de ser una isla “vivimos de espaldas al mar”. El pescado capturado por los marineros japoneses sirve de plato favorito de sus habitantes, lo cual es un hábito mucho más sano que comer carne de pollo, tal como se estila en esta isla. No es de extrañar que el Japón tenga la esperanza de vida más alta del mundo. Solamente en el área de Tokyo y sus cercanías viven treinta millones de japoneses, es decir, más de tres veces la población dominicana total.
Por otro lado, la raza es muy pura en un 99%, porque hay comparativamente pocos extranjeros; aquí en cambio, coexistimos los descendientes de más de trescientas etnias, y por ese motivo se mezclan todos “los tonos del marrón”, como decía una periodista extranjera.
El idioma japonés, a nosotros nos suena como una lengua algo brusca y autoritaria. Cuando ellos dicen que "si", lo expresan con gran entusiasmo y viveza, de tal forma que parece un reflejo militar, y se escucha como: "jaik".
Esa coherencia racial del Japón sirve como aglutinante para conservar las tradiciones, y les confiere un gran sentido de su identidad. Naturalmente, que no es una sociedad perfecta, y lo que es bueno por una parte, puede ser malo por otra. Uno de los grandes problemas tradicionales de la sociedad japonesa, ha sido el aislamiento; ya que, por ejemplo, al atacar a Pearl Harbor, perteneciente a los EEUU, durante la Segunda Guerra Mundial, cometieron un grave error porque era un país con muchos más recursos, y con una tecnología más avanzada; pero esa subestimación fue una secuela del aislamiento y su consecuente falta de información.
Sin embargo, esa equivocación histórica ya ha sido subsanada y compensada con creces, porque los japoneses han asimilado brillantemente toda la cultura occidental, con mucha sistematización. Ellos cuentan con estupendos directores y músicos de orquesta sinfónica, cantantes líricos maravillosos y de música pop, científicos de primera, jugadores de béisbol en las Grandes Ligas, diseñadores de moda en París y en otras grandes capitales, arquitectos famosos mundialmente reconocidos, pintores de primera, por poner unos pocos ejemplos; y siempre conservando celosamente sus tradiciones.
O sea, que ahora es al revés, porque ¿cuántos occidentales son expertos en los instrumentos musicales típicos japoneses?, o ¿quiénes son luchadores de sumo?, o ¿actores de teatro Noh japonés, o peritos en caligrafía japonesa? Hay áreas de la cultura del Japón en las cuales los de occidente han hecho sus aportes, como en la jardinería, en los arreglos florales tipo ikebana, en los bonsáis o árboles en miniatura, en las artes marciales, en la papiroflexia o arte del papel recortado, en el origami a base de doblar el papel…Esto significa que ahora ellos saben y conocen mucho más de nosotros, que lo contrario. Todo esto sin contar los aportes de los descendientes de japoneses en el mundo, porque hay países que han tenido una fuerte inmigración del Japón, como el Brasil, y otros de Latinoamérica y del mundo en tiempos menos prósperos. Basta con recordar a Fujimori que llegó a ser Presidente en el Perú, o al genial artista Manabú Mabé en Brasil.
La historia mía se inicia aprovechando unas vacaciones inesperadas, porque quería conocer más de esa nación. Mi esposa y yo tuvimos suerte porque pudimos reservar los asientos de avión con poco tiempo de anticipación, haciendo escala en París. El hotel logré reservarlo en uno de los distritos más lujosos de Tokyo: el de Ginza, a poca distancia de donde se vendió el metro cuadrado de terreno hace poco, por más de ¡ciento sesenta mil dólares! Esa ciudad resulta cara no sólo para nosotros, - los que ganamos pesos en el subdesarrollo -, puesto que Tokyo aparece siempre entre las tres primeras más caras del mundo, en todas las referencias y comparaciones que se hacen.
El vuelo nocturno hacia París, transcurrió tranquilo, salvo para una azafata coqueta, con un pañuelo coqueto como ella en el cuello, que se pasó el vuelo coqueteando con los demás miembros de la tripulación; y se divertía más con eso, por supuesto, que atendiendo a los pasajeros. Entre los más de cuatrocientos viajeros del Jumbo iban muchos turistas franceses bronceados por el sol tropical, salpicados por algunos haitianos, y no podía faltar la típica dominicana que ya ha “olvidado” su español y ahora llama a su niño “bambino”, la típica doméstica que va a trabajar a Europa, y la típica “bailarina” que baila muy poco verticalmente, y así entre otros.
Las líneas aéreas hacen cosas incomprensibles y absurdas, por no llamarlas de otra manera, ya que si impiden llevar efectos punzantes o cortantes en la cartera, ¿por qué sirven las comidas con cubiertos de metal?; y eso que Francia es la tierra de Descartes.
Después de superar las frecuentes turbulencias, a las diez y media de la mañana pude divisar a lo lejos, muy pequeñita, la Tour Eiffel, y aterrizamos sin contratiempos en el Charles de Gaulle. Este aeropuerto es más que eso, ya que es más bien un complejo aeroportuario, por sus dimensiones y distribución de las terminales. En el aeroparque hicimos el cambio, de la terminal A a la F, en un autobús; luego después de la una de la tarde, salimos hacia el Japón en otro tipo de avión más pequeño con más de trescientos pasajeros, y un poco más lento que el anterior, ya que volaba a ochocientos y pico de kilómetros por hora, en cambio el Jumbo, a veces superaba los mil.
Este jet cuando sale de París, lo que hace es trazar una gigantesca parábola que dura más de doce horas, por encima de la frontera norte de Rusia, en lugar de las ocho horas y media que se tarda de Santo Domingo a París. Este recorrido se inicia sobrevolando los Países Bajos, parte de Escandinavia, incluyendo a Dinamarca y Suecia, -donde pude apreciar los campos nevados al atardecer-, y luego sigue subiendo en el trayecto hacia la helada Siberia. Así fueron quedando atrás, poco a poco, los meridianos que pasan por Grecia, Turquía, la Arabia Saudita, Irán, la India, Indonesia, Korea, etc.; y al final pasa relativamente cerca por las Islas Kuriles, cruza la isla principal del Japón llamada Honshu, da la vuelta por el mar y aterriza en Narita a sesenta kilómetros de Tokyo.
Desde el avión se pueden divisar los campos con sus parcelas muy bien delineadas y con la vegetación de pinos en las colinas conservada. Todo ello con predominio de los tonos grises. El aeropuerto internacional de Narita está construido por todo lo alto, sin escatimar recursos, y hoy en día es uno de los más elegantes, funcionales y confortables del mundo.
Como el aeroparque es muy grande con diferentes aduanas, ellos distribuyen los pasajeros de tal forma que no se formas grandes aglomeraciones. A pesar de ello, en la fila de inmigración apareció un coordinador de fila, que parecía un director de orquesta sinfónica por sus gestos, para distribuir los pasajeros con mayor eficiencia y rapidez.
Al llegar el turno de nosotros, el pasaporte nuestro, -mal llamado “biométrico”, porque no mide ninguna variable biológica-, se resistía tercamente a ser leído por la lectora óptica que transfiere la información de la página a la computadora. Después de más de diez intentos y de buscar al país emisor en una lista, daba la impresión de que son pocos los dominicanos que viajan a ese país. El Japón está tan lejos y el pasaje es tan caro, que se produce una “selección natural”, y no exigen visado a los dominicanos. El funcionario nos grapó unas hojitas y le pegó unos sellos, y así nos dieron entrada al Imperio del Sol Naciente.
Al llegar a la cinta transportadora de las maletas tenían tres sabuesos japoneses oliendo todos los equipajes. Curiosamente el encargado de darle la salida a las maletas, era muy simpático, y fue quien hizo las preguntas típicas acerca del motivo de la visita y de la duración de la permanencia.
Como eran las nueve y media de la mañana, y el check in en el hotel era a la una, me daba tiempo de cambiar divisas, ir a la oficina de información turística, e incluso de navegar por el Internet (a 100 yenes cada 10 minutos), para enviarles los consabidos mensajes de “llegamos bien” a los familiares. Además, aproveché el tiempo para dar una vuelta por la Terminal No. 1, a la que los pasajeros llegan al país por la planta baja y salen de él por la cuarta. Es un edificio con el espacio distribuido de tal forma, que tiene dos alas: la norte y la sur. La Terminal 2 está en otro edificio.
El cerebro de los japoneses tiende a agrupar, a unificar y a estandarizarlo todo, y allí estaban en un lugar específico de la terminal, detrás de una línea amarilla en el suelo, los empleados de los hoteles que van a recoger a los clientes, todos con el mismo traje y con los carteles estandarizados. Es que acabábamos de llegar al Japón, donde todo está perfectamente organizado.
Desde Santo Domingo me había enterado de las diferentes rutas de trenes que pasan por Narita, pero me interesó más un servicio de autobuses llamado Limousine Bus, porque nos permitía ir contempando el paisaje y el tren no. Nos cobraron tres mil yenes por cabeza (el cambio estaba a 118 yenes por 1 US dólar) por los sesenta kilómetros hasta la Tokyo Station, en la ciudad.
La joven que me vendió los boletos nos indicó que teníamos que ir a la parada número 10, que el bus salía en cinco minutos. Al llegar se me ocurrió ponerme al borde de la acera para saber por dónde iba a venir el autobús, porque en Japón se conduce por la izquierda, como en la Gran Bretaña o en Jamaica; y en eso apareció la chica encargada de facturar el equipaje, quien me dijo exactamente dónde tenía que colocarme, y me entregó los comprobantes de las maletas.
El transporte llegó justo a la hora indicada, subimos todos los pasajeros, y antes de partir la joven de la facturación del equipaje subió rápidamente al autobús, dijo una frase en japonés, nos hizo el saludo-reverencia y se bajó con la misma rapidez. Así en todas las paradas de las terminales, el maletero siempre subía y repetía la misma acción. Esas fueron las primeras muestras de la gran cortesía japonesa.
Por la autopista también predominaba el color gris, y noté que los japoneses construyen barreras visuales, muy bien colocadas, que impiden en algunos tramos de la vía ver lo que se encuentra al otro lado. Yo nunca había visto nada semejante en otros países. También cruzamos varios puentes y contemplamos varios ríos o brazos de mar. En ciertos momentos daba la impresión de que estábamos en la Ciudad Gótica, porque se podían ver puentes de trenes y autopistas, y encima más puentes; yo llegué a apreciar hasta cinco puentes, uno encima del otro en diferentes direcciones.
Al arribar a la Tokyo Station tomamos un taxi, y para mi sorpresa el chofer quitó el seguro y nos abrió las puertas desde su asiento al lado derecho, y también abrió el maletero. Luego buscó la dirección del hotel en la pantalla de su computadora y no lo encontraba, indagó en una voluminosa guía, y no lo encontraba, le preguntó a otro taxista, y no lo encontraba, le enseñé un plano, y tampoco lo encontraba. Al final resultó que habíamos llegado sin darnos cuenta, y para recorrer un kilómetro se había tardado veinte minutos. Me cobró 640 yenes, y cerró sus puertas de las misma manera que las había abierto, porque en Japón los clientes no cierran las puertas, eso lo hace el taxista desde su asiento. Luego vino rápidamente y subió las maletas a la recepción del hotel, nos hizo el saludo-reverencia y se marchó.
Era la una y media de la tarde, o sea que desde la puerta de mi casa en Santo Domingo, hasta la recepción del hotel en Tokyo, habíamos tardado unas treinta y siete horas y media, incluyendo las horas de vuelo.

viernes, enero 12, 2007

LO QUE COMUNICA UNA CARA, O EL LENGUAJE DE LAS ARRUGAS

Por FAUSTINO PÉREZ

De la misma manera que los demás auscultan e intentan interpretar nuestros rostros, por razones de supervivencia, de idéntica forma nosotros también observamos y desciframos, hasta donde podamos, las caras de los otros.
Igualmente, cuando estamos en la calle podemos distinguir entre un taxi, un autobús, o un vehículo privado; así de la misma manera podemos inferir que una persona está contenta, o bien, que tiene intenciones agresivas, por poner dos ejemplos opuestos.
En ciertas ocasiones extremas es preciso realizar esa interpretación facial en cuestión de segundos, ya que un error nos puede salir muy caro, inclusive, costarnos la vida. Naturalmente, que esas deducciones toman en cuenta el resto del cuerpo de la otra persona, es decir, lo que se ha llamado el lenguaje corporal, sin embargo, la cara juega un papel fundamental.
Se sabe que de un rostro lo que más información aporta a los demás son los ojos, por eso se ha dicho que son como el espejo del alma, o dicho de otra manera, nos indican cómo es una persona. En la cara también está la boca, que aporta información igualmente, aunque menos que las manos.
Los ojos son como una calle de doble vía, ya que con ellos vemos, y a la vez somos vistos por los demás. Hay un gesto universal que se hace con los ojos, o mejor dicho, con los músculos y con la piel que los rodean, y se conoce como el “flash de ojo”; que ocurre cuando abrimos los ojos, por ejemplo, en un encuentro inesperado y agradable con otra persona, y por igual, cuando expresamos sorpresa por algo. Este ademán se hace en todas las culturas, repito. Esto es independiente de la dilatación de las pupilas que se produce cuando algo nos gusta, desde un plato de comida apetecida hasta un ser querido. No nos referimos al aumento o contracción pupilares en función de la cantidad de luz en un ambiente determinado.
Tanto si resaltamos los globos oculares, o no, al interactuar, o al expresarnos; o bien, cuando mostramos nuestros sentimientos, movemos los músculos de la cara, y de esa interacción surgen con el tiempo las arrugas, también conocidas como pliegues, dobleces o surcos. Todo ello debido al tira y afloja de los 22 músculos de la expresión que tenemos a cada lado de la cara.
Existen otros muchos factores que influyen en la aparición de las arrugas de un rostro, tales como: la edad, y ya se sabe que mientras más envejecemos más arrugas aparecen; la raza, puesto que los caucasianos envejecen más rápidamente; la alimentación, porque no es lo mismo desayunarse con crema de langosta que comerse un pan barato; los cuidados que le dispensemos a la piel de la cara, debido a que hay diferencias sustanciales entre tratársela con crema de placenta que lavarse la cara con un jabón indebido; a las enfermedades que se padezcan, porque algunas de ellas producen dolores agudos; a la ley de la gravedad que hace que todo se caiga con el tiempo incluyendo la piel; la profesión también afecta, ya que no es igual ser marinero a la intemperie, que trabajar en una oficina en un ambiente climatizado; el idioma que se hable es importante, porque para articular las palabras es preciso colocar los labios de ciertas maneras; los deportes que se practiquen, si es, por ejemplo, vólibol de cara al sol eso influye; las gesticulaciones que hagamos son fundamentales, el clima es importante, los hábitos de dormir, los vicios, la herencia, el estrés, la condición de la vista, el tipo de cutis, y así por el estilo.
Se sabe que la piel de la mujer es más delgada, más suave y más transparente que la del hombre, y ese es un factor importante en la aparición de las arrugas de un rostro. Hay que tener en cuenta, además, que en la cara los músculos están unidos a al piel, y en el resto del cuerpo están adheridos a los huesos. Esta es una propiedad que favorece la expresividad, pero si abusamos, aparecerán más arrugas con anterioridad.
En el rostro también se verifican los llamados impulsos cruzados, es decir, que si miramos una cara de frente y la dividimos en dos mitades trazando una línea imaginaria vertical por el centro; el lado derecho de la cara está regido por el hemisferio cerebral izquierdo, y el costado izquierdo por el hemisferio derecho.
Pero lo qué sucede es que cada hemisferio cerebral está especializado, por así decirlo, y el derecho, -que controla el lado izquierdo del cuerpo-, se encarga de las facetas no verbales de nuestra personalidad; es también el que sirve para agrupar mentalmente las cosas, y tiene muy poco sentido del tiempo. Se emplea, por igual, para las relaciones espaciales, y es por lo tanto el lado de la creatividad, de la imaginación y de las corazonadas.
Por el contrario, el hemisferio cerebral izquierdo, -que rige el lado derecho de nuestro cuerpo-, es el que se especializa de todo lo que sea verbal, analítico, abstracto, que se relacione con el tiempo, con lo racional, y con el empleo de números. Es el costado del cálculo y de la premeditación.
Teniendo en cuenta lo anterior, pasemos a analizar las arrugas del rostro: Es necesario tomar en cuenta que cuando en un rostro aparecen dos o más surcos predominantes, hay que sumar, por decirlo de alguna manera, los significados de los mismos. Por ejemplo, a título de ilustración, si una persona es diplomática y pedante, no es lo mismo que sea diplomática y agresiva; es decir, las resultantes serán diferentes.
También hay que señalar que hay arrugas que se pueden cruzar, como les ocurre en la frente a ciertas personas, que tienen esa área del rostro como un “tablero de ajedrez”, en cambio hay otras que a algunas personas se les convierten en una a continuación de la otra, como sucede a los lados, en los llamados cachetes, mofletes, mejillas o carrillos.
1.- La arruga número uno, casi siempre suele salir a un lado de la frente. Se trata de pequeños arcos, entre tres y cinco, normalmente. Esta es típica de las personas escépticas, que desconfían del otro, y de las incrédulas.
2.- La número dos es vertical y va desde la base de la nariz hacia arriba. En la mayoría de la gente que la tiene, la arruga mide poco, pero a determinadas personas les llega hasta el nacimiento del cabello arriba. Expresa concentración, o preocupación. También aparece cuando se padecen dolores intensos, o bien, en los casos en que se tenga que defender mucho del sol o de una luz intensa. Otros la desarrollan por problemas de la visión.
3.- Las famosas “patas de gallina”, que salen entre la sien y el rabillo del ojo, acostumbran a salirle a la gente muy risueña y de sonrisa fácil; de la misma manera, ocurre con los sujetos con problemas visuales y los que tienen que protegerse del sol o de una luz fuerte.
4.- Las ojeras que aparecen debajo de los ojos, indican excesos de cualquier tipo; desde falta de sueño, hasta una resaca, pasando por el agotamiento físico, o por el sexo, etc. En algunas personas, por razones hereditarias, en particular ciertas de origen árabe o hindú, tienen esa mismas ojeras permanentemente, no obstante, si cometen excesos, el color se verá más oscuro o saturado.
5.- La arruga de la risa aparece a un lado de los mofletes, cachetes, carrillos o mejillas. Sale al lado del surco de la resignación. Quien interpreta las arrugas debe de deducir, principalmente por la forma de la boca y por las patas de gallina, si las tuviese, de cuál arruga se trata.
6.- Existen unos pliegues finos que acostumbran a salirles a las personas irritables o irascibles. Aparecen a los lados de la nariz. Es como si todo les “oliera mal”. También los desarrollan aquellos que quieren aparentar lo que no es, o sea, como una manera de disimulo.
7.- A partir de la comisura de los labios, en sentido horizontal, se desarrollan unas arrugas que parecen prolongaciones de la boca, y son típicas de los dependientes, diplomáticos, etc.; es decir, de gente que tiene que tratar a otras personas y que se ve forzada a sonreír por conveniencia, por educación o por las circunstancias. Expresa cinismo, hipocresía, y en el mejor de los casos, diplomacia.
8.- Saliendo de las comisuras la boca, también, pero en sentido vertical hacia abajo, está la arruga de la amargura. Cuando el pliegue es el diagonal hacia fuera, puede significar, ensimismamiento, o locuacidad.
9.- Si volvemos a la frente, encontraremos unas arrugas horizontales, que expresan pedantería, orgullo, engreimiento, sensación de autovalía, etc. En algunas enfermedades mentales hacen su presencia, tales como el delirio de grandeza, la paranoia típica, y así por el estilo. Cuando las arrugas de la preocupación-concentración las cruzan las de pedantería perpendicularmente, se produce el efecto de “tablero de ajedrez”, en la frente, como ya se comentó.
10.- Hay una arruguitas que serpentean la frente de la gente que se compunge, o que se aflige. Son una especie de altos relieves verticales, que pueden confundirse fácilmente con las arrugas de la concentración-preocupación. También salen a partir de la raíz de la nariz. Suelen ir acompañadas de una boca que estuviese a punto de llorar, con una protuberancia hacia adelante, lo que se llama hacer pucheros.
11.- Hay otro surco pequeño horizontal que se presenta en la raíz de la nariz. Expresa agresividad, propensión al ataque, o al mal humor.
12.- Ya mencionamos la arruga de la resignación, que aparece en la mejilla, al lado del pliegue de la risa. En ciertos casos, este surco se une con la de la amargura o con la del ensimismamiento, y producen un solo pliegue.
13.- Hay una serie de arruguitas que salen alrededor de la boca verticalmente, en especial a las mujeres, que se caracterizan por tener mucho carácter, con mucho autocontrol, disciplina, y fortaleza de espíritu. Son féminas que se imponen sobre los demás y a quienes les gusta controlar y mandar. Estos pequeños pliegues son típicos de las monjas, de las “jamonas”, y de las mujeres que son militares.
Hay que aclarar que el carácter está dominado por la voluntad, o sea que responde a una actitud modificable, a un cálculo, a una premeditación y a un convencimiento; en cambio, el temperamento viene dado por aquel conjunto de impulsos, pasiones y sentimientos considerados como intocables, por ser más “primitivos”, los cuales fluyen de una manera espontánea y libre, por lo que no son modificables.
Es mucho lo que expresa un rostro y sus áreas aledañas, como el cuello, cuyas arrugas son una muestra inequívoca de los años que se tienen encima.
Como se sabe existen numerosas formas de disimular una cara, o de alterarla, modificarla o incluso cambiarla. Entre los factores naturales tenemos el peso corporal, porque si alguien es muy mofletudo por la gordura, las arrugas a los lados de la cara le saldrán más arqueadas, si acaso. En los hombres están la barba y el bigote, y algo menos las patillas, que pueden hacer cambiar sustancialmente el aspecto. El bronceado de piel, influye en el aspecto general.
En cuanto a los procesos artificiales, el más fácil y barato es el maquillaje, pero también están las cirugías que tienen efectos más permanentes, los implantes, las inyecciones de colágenos, de botox, etc. Ya se han realizado transplantes completos y parciales de cara, según nos cuentan las noticias. Indirectamente, hasta el peinado también influye en el “look” de un rostro.
Ya vimos que la edad es uno de los principales factores que inciden en la aparición de las arrugas, pero no se preocupen, que el tiempo no pasa, es uno quien pasa en el tiempo.

ESQUEMA DEL SIGNIFICADO DE LAS ARRUGAS (diseño: FAUSTINO PÉREZ; ejecución: AUGUSTO VALDIVIA)

viernes, enero 05, 2007

LA CULTURA DEL “DAME UN CHANCE”

Por FAUSTINO PÉREZ

Si existe una frase alrededor de la cual giran y se embrollan los problemas más acuciantes de este conglomerado humano, sería: “dame un chance”, cuando se trata de uno mismo, o “dale un chance”, en lo casos en que se interceda por otro. Las repercusiones de esa expresión son increíblemente perniciosas.
El vocablo “chance” tiene su origen en el idioma francés, y entre nosotros, aparte de significar “oportunidad”, o bien, “la posibilidad de conseguir algo”, según consta en el diccionario, también puede tener otras connotaciones, como sería: “¿cuál es tu precio?” Hay gente que confunde el “chance”, con el “laissez-faire”, que significa “dejar hacer”, en francés, pero éste último término no es más que una consecuencia del chance.
El término simplificado “laissez-faire” fue empleado por primera vez en Francia por los llamados fisiócratas, en el S. XVIII. Ellos defendían el criterio de que el origen de la riqueza era atribuible exclusivamente a la naturaleza; y la frase completa era: “laissez faire, laissez aller, laissez passer”, que traducida significa: “dejar hacer, dejar ir, dejar pasar”, la cual surgió como el antídoto frente a la injerencia estatal en el comercio; de ahí pasó a ser un sinónimo de mercado libre en el siguiente siglo.
La “cultura del chance” permea toda la sociedad dominicana, y atrasa todo el desarrollo económico y social. Es más, se ha convertido en el “condimento” indispensable de la corrupción, y en un estilo de vida ante las precariedades. Es el truco ideal para la supervivencia. Es un espejo donde nos miramos todos, incluyéndome yo mismo, por supuesto.
Hay que aclarar, no obstante, que en principio la cadena del “dame un chance”, se inició desde arriba hacia abajo en la sociedad, ya que hay personas que se creen que son intocables, y de hecho algunos lo son, pero ese mal ejemplo es visto por los de las clases media y baja, y naturalmente, ellos también quieren tener los mismos privilegios, léase, los mismos chances.
Yo sé de extranjeros residentes y acostumbrados a vivir en la República Dominicana, lo que se conoce como “aplatanados”, que ya se han habituado a la cultura del chance, hasta tal punto, que logran optimizan la “pesca en río revuelto”, o lo que es igual, al caos producido por el desorden.
Cuando el agente de policía atrapa a alguien cometiendo una infracción, el detenido le dice: “dame un chance”. Cuando la esposa encuentra al marido perpretando una infidelidad, éste le dice llorando: “dame un chance, mi amor”. Cuando la alumna no domina la asignatura y se presenta al examen sin saber nada, le dice al profesor al final: “deme un chance, yo creía que sabía, pero se me olvidó todo por culpa de los nervios”. Cuando se vence al plazo para pagar los impuestos, siempre se asume que va a haber un “chance”, es decir, una prórroga…
Sin embargo, es preciso señalar que el problema se origina en la crianza sobreindulgente que damos a nuestros hijos, y aunque esa condescendencia excesiva no es exclusiva de la República Dominicana, sí estamos entre los más afectados. Esa ñoñería crea un círculo vicioso de amplias consecuencias negativas. Aquí los niños son criados prácticamente a su libre albedrío, haciendo lo que les da la gana, y a lo mejor un día los padres descargan el estrés con ellos y les propinan una tremenda paliza, pero no hay una educación sistemática.
Los niños están tan libres que algunas veces van con los progenitores a la playa, y estos se entretienen en el goce y disfrute de la vida, y se olvidan de sus vástagos, porque hay que darles un chance a los críos de que se diviertan, hasta que alguien les dice que uno de ellos se ahogó.
Esta crianza da como resultado unos “ciudadanos” adultos, que no son tales, porque, por ejemplo, no saben ni siquiera cruzar una calle, ya que nunca nadie les ha dado un mínimo de educación vial, y por eso la cruzan por cualquier lugar; o unos conductores que en su vida han respetado el “paso de cebra” de los peatones en las esquinas, es más, tampoco saben para qué sirven; la misma actitud despectiva la tienen con los semáforos; o bien, gente que jamás en su existencia ha pagado un recibo de la energía eléctrica, o del consumo del agua. Pero el colmo son aquellos que van por la calle tirando basura por doquier, teniendo una papelera al lado, inclusive, al igual que lo haría un animal que defeca en cualquier sitio. Ellos también votan en las elecciones y hay que darles un chance.
Por cierto, en los países civilizados los dueños sacan de paseo sus perros y recogen la materia fecal de estos y la depositan donde debe de ser; aquí yo he sido testigo de cómo se permite por sus dueños, que los perros hagan sus necesidades precísamente en la puerta de la casa de uno. ¿Por qué los cocheros se pasean por las calles y avenidas y sus animales que les proporcionan el sustento, ensucian toda la ciudad, y nadie les llama la atención, pudiendo colocarles un recipiente en el trasero para que evacuen, con el fin de evitar que depositen sus excrementos en el pavimento? Lo mismo sucede con aquellos que venden helados en la calle, que emplean una tijeritas para cortar un extremo de helado y tiran todo a la calle, pudiendo recoger todos esos desperdicios sin mucha molestia para ellos. Naturalmente que al ser “padres de familia” hay que darles un chance.
Otro acto de insensatez lo cometen los vendedores de las avenidas Mella y Duarte, y de las calles París, José Martí, y zonas aledañas, quienes encima que ocupan un espacio público sin pagar impuestos, también dejan todos los desperdicios en las aceras y calles, sin que ninguna autoridad les llame a capítulo, ni mucho menos que los eduque u obligue a recogerlos. No digamos nada de los haitianos ilegales que también hacen lo mismo. Pero hay que darles un chance, porque ellos también tienen que comer. La labor de destapar el drenaje pluvial, no es competencia de ellos, a pesar de ser los causantes.
Aquí vienen haitianas embarazadas en tour a parir gratuitamente en nuestros hospitales, que son mantenidos por los impuestos que pagamos los dominicanos, pero por razones humanitarias mal entendidas y por darles un chance a las “pobres haitianas”, se permite eso. Además de emplearse nuestros escasos recursos en esa práctica, nos crea un problema jurídico muy serio. ¡Hasta dónde puede llegar la estupidez humana!
Paradójicamente, nuestras autoridades se pasan la vida viajando al extranjero, con los dineros de los contribuyentes, y nunca aprenden y copian nada bueno de lo que ven afuera en otros países.
¿Por qué en Japón cuando las personas tienen gripe se ponen una mascarilla?, y aquí es raro el adulto que ande con un pañuelo siquiera, en un bolsillo; y para colmo se suenan las narices depositando la mucosidad en el suelo con lo cual se propaga la enfermedad, porque al secarse el moco, la brisa lo expande y al respirarlo las demás personas se contagian. Esta práctica yo la he visto en la misma calle, en las aulas, en el cine, en la casa y en cualquier sitio, y luego le dan la mano al primer amigo que encuentran. Esta costumbre malsana provoca que tengan que acudir más enfermos a los hospitales, con lo cual el Estado tiene que gastar más en salud, y todo por la ignorancia y por la cultura del chance y la tolerancia.
Es increíble el alto porcentaje de universitarios, y digo universitarios, no por tener un nivel académico sino porque asisten a las clases en una “universidad”, que no poseen la más mínima idea de lo que es un microbio o una bacteria, un parásito, un hongo, o un virus, y mucho menos tienen noción del daño que causan. A ellos también les dieron un chance en su crianza.
Es frecuente ver estudiantes uniformados provenientes de las escuelas públicas, paseando por la calle a las diez de la mañana, o acudiendo a centros de dudosa reputación, en lugar de estar en clase. La misma actitud displicente muestran muchos “profesores”, a todos los niveles, incluyendo los de universidad, que son incapaces de redactar una carta o un texto sin cometer numerosas faltas ortográficas; pero claro, hay que darles un chance porque ellos votan en sus respectivas elecciones gremiales y en las nacionales.
Aquí hay cada vez más, profesores que no corrigen los exámenes en las universidades, y les ponen notas excelentes a los estudiantes que se presentaron, a los que no asistieron a la prueba, a los que retiraron la asignatura, y a los que fallecieron durante el período. Esto es fácil de comprobar, porque en un aula, el total de los estudiantes, no puede ser sobresaliente, matemáticamente hablando. A todo esto los dos ministerios que tienen que ver directamente con la educación, no se dan por enterados; y por supuesto, a los estudiantes les gusta ese tipo de chance, porque les sube el índice académico sin ningún esfuerzo. Lo de aprender es secundario, y es algo que sólo les interesa a unas minorías de universitarios, porque en general, es irrelevante para ellos.
En una noche de este segundo semestre del 2006 que pasó, coincidieron cinco fiestas en la Universidad Autónoma. Naturalmente, que a “bachatazo” limpio es francamente difícil estudiar, pero hay que darles un chance a los muchachos de que descarguen el estrés acumulado por culpa de los dichosos ”estudios”. Y a todo esto, muchos padres que se sacrifican por sus hijos creen que sus vástagos están estudiando.
Antes las clases se iniciaban el lunes siguiente después de Semana Santa, en las escuelas y colegios públicos y privados, ahora empiezan, como muy pronto, el miércoles siguiente, porque como ustedes sospechan hay que darles un chance porque están muy exhaustos de los días de asueto.
A nivel familiar, estoy cansado de ver a madres que permiten que sus hijos jueguen con monedas y con papel moneda y permiten que los niños se los lleven a la boca; y ellas no se dan por aludidas. Pero como a los niños hay que mimarlos, y todavía son muy pequeñitos los pobrecitos, hay que darles un chance para que se contagien o para que se traguen la moneda. Igualmente ocurre con los fuegos artificiales, que después que los infantes pierden una mano o se queman la cara, entonces los quieren educar.
Peor aún, ellas dejan que sus hijos jueguen en el suelo de los parques, donde previamente estuvieron acostados los perros sarnosos. Luego tienen que llevarlos al Instituto Dermatológico, sin explicarse qué les ocurrió.
Pero todo lo anterior no es nada comparado con el mal hábito de tocar la comida con las manos, lo cual es tan frecuente en nuestro país que se ha convertido en algo cultural, o sea, en un hábito arraigado. Hay gente que vende fritura en una esquina, que sirve a los demás tocando la comida con los dedos, luego cobra a los clientes, y a continuación, le sirve al siguiente con las manos sucias. Uno se pregunta, entonces, ¿para qué está Salud Pública?, bueno, para darles un chance a los activistas del partido de turno.
Aquí se consumen más bebidas gaseosas que leche, y la gente no se da cuenta del daño que hacen, ya que algunas de ellas son muy adictivas y a los niños los convierten en adictos sin darse cuenta, porque hay que darles un chance de que disfruten de su bebida preferida. Encima de lo anterior, esas gaseosas estropean los dientes, pueden producir diabetes a largo plazo, ponen a los niños hiperactivos, hacen daño a los riñones, y así sucesivamente. Y no digamos nada de las bebidas alcohólicas que han sido las causantes de tantas desgracias y han malogrado tantos talentos, pero hay que darle un chance a la gente de que se divierta.
Nosotros tenemos el mal hábito de comer por el sabor; esto significa que si nos dan la porquería más grande del mundo, si sabe bien, nos gusta y la seguimos consumiendo, y luego sufrimos las consecuencias. De esa forma se consume y se paga por “carne” que no es más que cartílagos, tripas de animales y piltrafas molidos, con mucha sazón. Pero siempre queremos un chance de degustar los “alimentos”.
Quienes sí saborean sus ganancias si no son atrapados, son los contrabandistas. Sin embargo, en caso de ser descubiertos intentando introducir mercancías sin pagar impuestos, descaradamente, por unos montos de millones de pesos, sus nombres no se publican para darles un chance de pagar las tasas aduaneras.
La gran mayoría de los “banqueros” que han estafado a los ahorrantes durante décadas, están en libertad disfrutando de los ahorros de los demás, porque la “justicia” les dio un chance. Y lo mismo les pasa a los narcotraficantes, a quienes se les da un chance por intercambio sobornando a los jueces. Los políticos que al llegar a los cargos públicos gastan sus respectivos presupuestos en los que les da la gana, sobre todo para su lucro personal, casi nunca les sucede nada; a la gente del partido de turno hay que darles un chance, porque los esforzados activistas llevaban años haciendo proselitismo. Existe, por supuesto, un organismo inoperante creado con el fin de sancionar la corrupción, y ¿qué hacen?, díganme ustedes, porque yo francamente no lo sé, aparte de archivar los expedientes para dar chances.
En Navidad ocurre algo muy “curioso”, por no llamarle de otra manera, y es que en los barrios pobres la gente hace colectas y se organiza voluntariamente, para adornar con luces de colorines sus casas y espacios públicos; pero no se les ocurre ni a ellos ni a sus “líderes” barriales, hacer eso mismo para erradicar la basura que tanto les afecta la salud y el medio ambiente, pero hay que darles un chance de que pongan al barrio “bonito”. Además, en un país con tantas precariedades energéticas producidas por la misma cultura del chance, es absurdo aumentar el consumo de energía eléctrica, para incrementar la importación de petróleo.
Eso mismo pasó con el gas licuado de petróleo, que al estar subsidiado para beneficio de las amas de casa, empezó a ser utilizado como combustible, tanto para vehículos del transporte transporte público, así como también del privado. Esa práctica ha degenerado hasta tal extremo, que no es raro ver vehículos de lujo aprovisionándose de gas. Ahora el gobierno no se atreve a quitar el subsidio, o controlar la venta del combustible, para darles un chance a los conductores.
Los que conducen un vehículo consumiendo una bebida alcohólica, o hablan por el celular temerariamente, o bien, despiertan a medio vecindario con su música estridente a las tres de la madrugada, o no usan el cinturón de seguridad, también piden un chance, a la policía… y a la muerte. Y si andan armados, con mayor motivo.
Y del chance que se les da a los propietarios de vehículos destartalados, quienes tienen que sobrevivir y mantener sus familias, con esas auténticas chatarras con ruedas, las cuales, no obstante, “pasan” por una “revisión” anual, la cual pone en evidencia el grado de corrupción descarado que existe.
Quienes sí hacen lo que les da la gana son los motoristas, porque les dan muchos chances, ya que si se encaprichan, se dedican a hacer piruetas circences en las autopistas, o bien, avasallan a los peatones en las aceras, o les da por no respetar los semáforos en rojo delante de los policías que regulan el tránsito…Siempre tienen unas prisas patológicas, aunque sea para llegar en una ambulancia al hospital más cercano, o a la morgue de Patología Forense.
El metro merece un capítulo aparte en la cultura del chance, porque se nos quiere “vender“ la idea de que es una inversión en ese medio de transporte subterráneo y no un gasto, pero a todas luces se trata de un gasto porque es prácticamente imposible que deje beneficios; y además es un gasto absurdo, y descabellado, al endeudar al país aún más, y apretar más el cinturón a la población con mayores cargas impositivas, y encima, si es que se termina algún día, va a ser deficitario. Financiar el metro de esa manera significa hipotecar aún más el futuro del país. Esto implica, que sería otra carga más para el Estado que está tratando de eliminar subsidios a toda costa. Naturalmente, hay que darles un chance a los íntimos para que se hagan más ricos, porque cobran comisiones de los préstamos externos y también de los gastos en las obras. Por otro lado, es preciso darles un chance a los de Villa Mella de que lleven sus chicharrones a las oficinas de la Feria.
Otros que se dan un tremendo chance a sí mismos son nuestros legisladores, ya que apenas trabajan, se han aprobado sueldos extravagantes de lujo, tienen exoneraciones de vehículos, y les mantenemos sus fundaciones de fachada, sus secretarias y choferes pagados, con sus despachos suntuarios…todo eso porque ellos necesitan de un chance porque tienen que gastar demasiado dinero, tiempo y esfuerzo en sus respectivas campañas. Ah, y encima hay que concederles una “ayuda” para que aprueben las leyes, y pensionarles sus familiares y amistades.
Esta es sólo una visión superficial de la cultura del chance, que tanto nos afecta, pero yo les voy a dar un chance a ustedes de que se imaginen el resto. Es muy fácil, porque para donde quiera que uno mira se encuentra con lo mismo.
Sólo me queda el consuelo de saber que ustedes también me van a dar otro chance a mí, con seguridad, si llegaron hasta aquí en la lectura de este artículo.